Video

viernes, 12 de junio de 2015

¡CESE AL FUEGO! ES SOLO UN PROBLEMA DE VOLUNTAD POLÍTICA.

Por: Edilson Romaña, integrante de la Subcomisión Técnica

Parar una guerra que ya lleva 6 décadas en Colombia es una cuestión de voluntad política, es silenciar los fusiles, es solo parar el fuego y dejarnos de matar entre colombianos, hermanos de una misma clase. Digo de una misma clase porque nunca hemos recibido balas de los hijos de ministros ni hijos de presidentes, ni menos hijos de los grandes empresarios, tampoco de hijos de los amos de la patria quienes son los que elaboran leyes para lanzarnos al desangre entre el mismo pueblo.

Nos matamos solos entre hermanos, tíos, primos, sobrinos, de los mismos colores, blancos, negros, mulatos, es decir, entre pobres con penurias de todo orden.

Hemos avanzado sí. El solo hecho de sentarnos entre militares a discutir los distintos temas de la guerra y la paz es un dividendo para la sociedad; el solo hecho de mirarnos como de un solo pueblo y tratarnos con respeto, es un acontecimiento de profundo significado. Es decir, entre los que saben de la dureza de la guerra, no nos podemos decir mentiras.

Parar el fuego mientras se resuelven los problemas económicos, sociales culturales, de la tierra, de los narcóticos, de las víctimas, es cuestión de voluntades altruistas. Mirando al contendor de igual a igual porque somos dos partes enfrentadas defendiendo intereses distintos, unos defienden los interese de un gran poder económico, que se sostiene en el poderío desde hace 200 años, manteniendo su hegemonía, conservando ese orden social vigente para sostener ese aparato estatal que son los tres poderes del Estado, esos mismos que arrecian cada día con más leyes represivas, con más poder agresivo, sicológico, degradante, con más impuestos, con más desapariciones forzadas, con más torturas, con más asesinatos a dirigentes, para mantenerse en el poder y ejercer desde allí el dominio de la sociedad, que los han elegido para sacar las mayorías del atolladero, para defender la honra y bienes de los ciudadanos, para defender su patrimonio. Pero lamentablemente no es así.

Los otros, las FARC-EP, Ejército de campesinos integrados por hombres y mujeres del mismo pueblo con las banderas de la paz desde su nacimiento. Con profundo respeto a los ciudadanos del común con principios de defensa de sus intereses, con una lucha profunda por la tierra, y pidiendo a gritos participación política desde su mismo nacimiento. Una guerrilla que lo ha entregado todo por la defensa de los más pobres, a cambio de nada. Así que no tenemos nada que perder, solo nuestras propias vidas por los cambios que necesita nuestra patria.

Un cese de las hostilidades implica que sea no solo por parte de la guerrilla, sino también por parte del Estado;cesar con las políticas neoliberales responsables del hambre, el desempleo, la miseria, la iniquidad; el desmonte del paramilitarismo estatal, verdadera talanquera en la búsqueda de la paz, verdaderos actores de masacres, tortura, muerte y desplazamiento de 6 millones de compatriotas; detengan la represión contra el pueblo y los trabajadores, el cese de la venta del patrimonio nacional, el cese de las privatizaciones. La corrupción es un cáncer que padece la nación, es uno de los peores factores de violencia en nuestra martirizada patria.Parar las hostilidades de todo tipo contra el pueblo implica una voluntad de carácter decisorio, dejaríamos las bases sentadas para que las nuevas generaciones puedan vivir en paz.

Atinamos así 51 años de lucha política de las FARC-EP como actores políticos en el escenario de la confrontación de clase. La guerrilla colombiana ha quebrantado el valor jurídico establecido buscando un fin político. Ese es el origen de esa fuerza popular nacida en la matriz campesina y convertida en acción revolucionaria, en la lucha por la tierra primero y luego con vocación de poder y aspiración a cambiar el orden social vigente.

0 comentarios:

Publicar un comentario