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lunes, 27 de julio de 2015

La práctica paramilitar no es pasado


Po: Marco León Calarcá, Integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP.

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Siempre es 26
A los caídos en los asaltos a
los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes
In memorian
 

Uno de los obstáculos serios en el camino hacia la firma de un acuerdo final es la inocultable existencia del paramilitarismo y no solo de sus nefastas consecuencias sino principalmente de las fuentes que le permitieron ser y perdurar: las doctrinas contrainsurgentes emanadas de la teoría de la seguridad nacional y su principio de combatir al enemigo interno traducido como el pueblo y sus organizaciones.

La práctica paramilitar no es pasado, funciona en la actualidad, es aún instrumento del gobierno para la guerra sucia, la represión y el terror, así lo demuestra el primer informe, hecho público y entregado a La Mesa de Conversaciones por la Delegación de Paz de las FARC-EP el 9 de julio pasado.

Se recoge en este informe la denuncia sobre la presencia de grupos narcoparamilitares, a lo largo y ancho de la geografía patria. Ubicados al lado de las instalaciones militares oficiales, y accionando juntos sin que se presentes enfrentamientos entre ellos. En la historia está consignado que son las fuerzas insurgentes quienes enfrentan a los grupos paramilitares como forma de defender a los pobres de la tierra en Colombia.

A la vez que se alerta sobre su permanencia, se radica la propuesta de solución con la creación de una Comisión para el Esclarecimiento del fenómeno del paramilitarismo en Colombia, con el objetivo de "acordar e implementar un mecanismo y un proceso, insertos en el Sistema Integral que hemos acordado construir, que permita la eliminación definitiva de las estructuras paramilitares y parapolíticas".

La no repetición es parte del Sistema Integral en construcción como eje del acuerdo sobre víctimas, por tanto es indispensable desmontar el paramilitarismo y sus extensiones políticas. Las otras partes del sistema son Verdad histórica, Justicia social y reparación integral. Informativo Insurgente.

paramilitares

El fenómeno es expresión de la violencia de las élites colombianas, estas no conocen freno cuando de mantenerse en el poder se trata y desde siempre usan el asesinato como herramienta política, lo vemos en una somera mirada a la historia, intentaron asesinar al Libertador Simón Bolívar en 1828, lo hicieron con Sucre dos años más tarde, en el siglo pasado podemos mencionar a Uribe Uribe, Gaitán, Pardo Leal, Pizarro, Bernardo Jaramillo y en este la orden presidencial de matar al Comandante Alfonso Cano, es ejemplo.

Pretender que el conciliábulo del gobierno de Uribe Vélez con los narcoparamilitares fue un evento relacionado con la paz y solucionó ese problema es tremendo disparate, pues ellos nunca combaten al Estado, porque son extensión de este, por eso ni seña de rebelión en su accionar, tiene sí un claro contenido político como importante elemento de la contrainsurgencia.

El entronque del paramilitarismo con el narcotráfico está suficientemente diagnosticado y demostrado, al igual que la conformación de una casta política basada en su capacidad de violencia y amedrentamiento. Los narcoparapoliticos o compran o corrompen con el dinero del narcotráfico o aterrorizan con la fuerza paramilitar. Ese es el nicho de la ultraderecha enemiga de la paz, pues lucran en lo económico y en lo político con la confrontación

Nota:

Cuando el rio suena…piedras lleva. El run run que el Gobierno evalúa reanudar la fumigación de cultivos ilícitos en el Catatumbo (Norte de Santander), no solo sería tamaño despropósito, por ir en contravía a lo acordado en La Mesa de La Habana y desconocer los pactos con la Mesa de Interlocución y Acuerdo del Catatumbo; sino una incoherencia mayúscula, como lo señala Don Procurador, aunque sea con argumentos falaces alimentados por su guerrerismo insaciable. ¿Y cómo queda la confianza?

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