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domingo, 6 de septiembre de 2015

19º aniversario de la masacre de Mondoñedo.



Por Carlos Antonio Lozada.

Integrante del Secretariado de las FARC-EP.

Coincide la invitación a escribir un artículo para la página web del Frente Antonio Nariño, con el 19º aniversario –este 6 de septiembre- de la Masacre de Mondoñedo, como se conoce por la opinión, uno de los más execrables crímenes de Estado y de guerra, cometido en este caso por unidades de la Policía Nacional. Aunque hay que decir que realmente son dos 6 de septiembre; pues 6 años antes en 1990, el mismo día y también en la ciudad de Bogotá, 3 camaradas de la estructura urbana de la cual nació el Frente Antonio Nariño, fueron capturados, torturados y asesinados también por la Policía.

En el caso de 1996, seis integrantes de ese frente urbano, fueron asesinados a sangre fría por parte del grupo "armados ilegales"; de la DIJIN, como quedaría demostrado años más tarde. -

Vladimir Zambrano, Jenner Alfonso Mora, Juan Carlos Palacios y Arquimedes Moreno fueron capturados, torturados y luego llevados al basurero de Mondoñedo donde sus cuerpos fueron incinerados sobre llantas de automóvil con el objetivo de borrar todo rastro del crimen. Federico Quesada y Martín Valdivieso fueron asesinados a quema ropa al salir de sus respectivas viviendas.

Con Vladimir, Alfonso y Arquimedes integrábamos en ese entonces la dirección del frente. Jenner Alfonso, Juan Carlos y Federico, eran mandos medios y tenían bajo su responsabilidad la conducción de distintas estructuras.  

Años antes de este hecho, había escuchado decir al camarada Jacobo Arenas, en una de sus charlas sobre filosofía, que el hombre que regresa de la guerra jamás vuelve a ser el mismo de antes; seguramente refiriéndose al trauma que genera la tragedia de la guerra, vivida en carne propia.

Desde entonces, a lo largo de estos años, he vuelto a meditar sobre el tema, tratando de desentrañar el sentido más profundo de las palabras del Comandante. Las ideas al respecto, se han ido transformando, al vaivén de las vivencias de la confrontación y la reflexión sobre las mismas.

En medio de la vorágine de un conflicto armado como el colombiano, a veces los hechos se superponen sin dar tiempo a que puedan ser procesados y asimilados; y es así, que un día nos sorprendemos al darnos cuenta de la coraza que se nos ha ido formando, como mecanismo de defensa para no sucumbir ante las adversidades de la guerra.

No es que terminemos por ser insensibles, no. Es exactamente lo contrario, el dolor, las privaciones y los sufrimientos acumulados terminan por reblandecernos por dentro; mientras que por fuera aparentamos una dureza inexistente. Por su puesto que todo esto que afirmamos es subjetivo; cada combatiente explicará de manera distinta su experiencia y la reflexión que tenga sobre la misma; pero sea como sea, lo cierto es que el camarada Jacobo tenía razón, nunca volveremos a ser los mismos.

Hoy, tras 19 años de haber perdido de forma miserable tan extraordinarios seres humanos, camaradas y amigos, lo que sentimos es una mezcla de dolor, tristeza, rabia y frustración; pero no odio.

El odio, jamás podrá anidar en el corazón de un revolucionario. Para nosotros hechos como el de Mondoñedo trascienden lo personal; ubicamos sus causas en el régimen, en la institucionalidad, no en los individuos. En esto tenemos una diferencia enorme frente al sistema, a sus representantes y algunos de nuestros adversarios que direccionan su accionar político guiados por el odio. Nosotros somos distintos.  

A los mártires del 6 de septiembre los recordamos ligados a nuestros más caros sentimientos: toda nuestra admiración y respeto. Su valor, su firmeza y arrojo, su ejemplo se convierten en compromiso de lucha hasta el último aliento de nuestros días.

Tanta valentía y tanto decoro demostrado; no podrán jamás ser olvidados.

¡Hasta siempre camaradas!

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