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lunes, 14 de septiembre de 2015

El Paro que asustó a la burguesía

Alfonso López MichelsenAlfonso López Michelsen

Por: Ricardo Téllez Integrante del Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP e integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

Alfonso López  Michelsen fue el primer presidente electo post- Frente Nacional.

Muchos colombianos votaron por él, esperanzados en que el "Mandato Claro", nombre dado por López a su gobierno, emprendería una serie de cambios positivos que el país reclamaba con urgencia.

Fueron vanas las ilusiones de sus electores. Al poco tiempo de iniciado el "Mandato Claro", un verdadero alud  de alzas cayó sobre los más necesitados.

Subieron exorbitantemente: la gasolina, transporte, servicios públicos, todos los productos de la canasta básica.

Con base en las penurias del pueblo se cumplía con las obligaciones contenidas en las cartas de intenciones firmadas con FMI, el BM y otros organismos de crédito internacional, a los cuales se les cancelaba, con rigurosa puntualidad, los intereses de la deuda, sin amortizar un solo centavo al capital.

A lo anterior se sumó el crecimiento acelerado del desempleo, el déficit fiscal, la crisis monetaria y la del campo, la cual por mal manejo de los gobernantes, no aprovechó la "bonanza cafetera" para diversificar la producción en el sector.

Los campesinos, obreros, empleados, trabajadores informales y hasta algunos gremios económicos que se sintieron discriminados por la política oficial; comenzaron a  cambiar la percepción sobre el gobierno, al que llamaban despectivamente: "Mandato Caro", "Mandato de hambre".

Paralelo a la situación de privaciones que vivían las mayorías, el sector financiero, los exportadores y algunos industriales veían crecer sus fortunas.

La llamada "clase emergente" obtuvo carta de ciudadanía. Inmensos capitales afloraban de la noche a la mañana provenientes del contrabando y la exportación de marihuana y cocaína.

Para complacer a los nuevos ricos, hacerse con algo de impuestos y captar la enorme cantidad de dólares que ellos entraban al país y, legalizar sus capitales; López decreta una amnistía tributaria  y crea la llamada "ventanilla siniestra", que le permite al Banco de la República recoger dólares y blanquear dineros de actividades ilícitas.

Esa tolerancia y complacencia del mandatario, frente al crimen organizado, habría de costarle muy…pero muy caro al pueblo colombiano.

En contraste con lo anterior, cualquier protesta callejera, movilización, mitin, huelga o paro; era violentamente reprimida por la fuerza pública, que actuaba bajo el amparo del Estado de Sitio también decretado por el Presidente.

Esta era la situación que vivía Colombia en 1977.

Frente a la magnitud de la tragedia, las centrales obreras, propusieron a todos los afectados por la política lopista; realizar un Paro Cívico Nacional de protesta contra las políticas oficiales.

El pliego de peticiones del Paro era mayoritariamente reivindicativo, aunque recogía aspectos políticos como el levantamiento del Estado de Sitio y el cese de la represión.

En síntesis se reclama: alza general de sueldos y salarios, freno al costo de vida, creación de nuevas plazas de trabajo, congelamiento del precio de las tarifas públicas y de los combustibles que incidían sobre las demás alzas.

Lo elemental y la justeza de las reclamaciones, lograron que la consigna del Paro prendiera de inmediato, en todos los sectores afectados de la población y permitió aglutinar bajo sus banderas un torrente de unidad como pocas veces había vivido Colombia.

Desde las altas esferas del poder, a través de los medios masivos de comunicación, se comenzó a estigmatizar la protesta en ciernes.

Los voceros del Palacio presidencial, ministros, funcionarios y militares; comenzaron a lanzar la especie de la existencia de una conjura del comunismo internacional para tumbar el gobierno liberal.

Con ese pretexto se extremaron las medidas de vigilancia y control sobre la población.

La Fuerza Pública fue desplegada con tanques y armamento pesado en las ciudades capitales, pueblos, veredas, caseríos, carretas, caminos, calles y avenidas.

La policía y el ejército se prepararon, no para garantizar el libre ejercicio de la protesta ciudadana, como lo mandata la Constitución, sino para enfrentar una guerra ante un enemigo extranjero.

El 14 de septiembre de 1977, a las 00:00 horas comenzó aquella epopeya

Al iniciar a media noche la sensación era de tranquilidad y de un aparente descanso colectivo. No había gente, ni vehículos en las calle. Solo militares con su atuendo de muerte se veían por doquier. Colombia era un país ocupado por sus propias FFAA.

A las 00:04 horas los trabajadores abandonaron sus hogares y comenzaron a tomar las calles; a las seis de la mañana, Bogotá era un inmenso mar de personas marchando, cantando, agitando consignas, desplegando pancartas. El orden reinaba. Los reportes de todo el país eran similares.

Poco tiempo duró la alegría de protestar en paz. En varios sitios de Bogotá y otras ciudades y poblados de Colombia; el ejército y la policía comenzaron a disparar contra la multitud inerme.

Muchos manifestantes, hombres y mujeres, cayeron bajas las balas asesinas al enfrentar con su pecho descubierto, a una tropa mentalizada para matar.

La multitud invadida por el dolor y la impotencia, viró hacía el saqueo y el incendió de aquello que le era más odiado.

Al anochecer el 14 de septiembre cientos de muertos se reportaron en todo el país. La gente enardecida por la brutalidad militar prolongó su accionar, en algunos sitios, por 24 horas más, en otras, por 48 y 72.

No se sabe con certeza cuantos miles de muertos dejó aquella memorable jornada. Muchos de los oficiales y suboficiales del ejército y la policía que reprimieron están vivos y gozan de la impunidad que el sistema les otorga.

La Comisión de Esclarecimiento de  la Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, creada como producto de los Diálogos de La Habana, tendrá la oportunidad de hacer comparecer a quienes disponían del mando de tropas en aquel momento, para que le cuenten al país la verdad de lo sucedido y de lo que de allí se desprendió posteriormente.

Terminado el Paro la cacería de brujas fue impresionante. Los militares redactaron e hicieron aprobar el Estatuto de Seguridad, puesto en marcha por Julio César Turbay Ayala, sucesor de López. De esta manera Turbay Ayala se convirtió en simple firmón de la cúpula militar, inaugurándose una de las épocas más sombrías de la historia de Colombia.

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