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sábado, 12 de septiembre de 2015

La confesión del Procurador.




Por Carlos Antonio Lozada. Integrante del Secretariado de las FARC-EP.

La intervención del Procurador Ordoñez en el Congreso Nacional de Comerciantes en Cartagena, tiene el mérito de revelar las verdaderas causas que lo llevan a oponerse ciegamente al proceso de paz.

Hasta ahora, para oponerse a los diálogos, el funcionario siempre había hablado a nombre de las víctimas y la sociedad, tal como lo hace cada vez que expresa su opinión personal frente a temas de interés general para el país, como son el aborto, los derechos de la comunidad LGBTI, la legalización de la marihuana con fines terapéuticos, las relaciones entre Colombia y Venezuela, etc.; o para perseguir, abusando descaradamente de sus funciones, a funcionarios públicos con ideas políticas alternativas u opiniones diferentes a su doctrina confesional.

"Yo quiero que se firme la paz y que se firme rápido, pero no a cualquier precio"; asegura, y, a renglón seguido deja ver sus temores, tratando a la vez de asustar los asistentes al Congreso, con el fantasma de lo que él llama "políticas populistas" y los remite a las declaraciones de las FARC-EP respecto a tierras, minería, petróleo y tratados de libre comercio.

Continúa el Procurador Ordoñez revelando a su auditorio lo que considera un misterio: "Ingenuos los que piensan que con la desaparición de esa guerrilla como aparato armado termina todo. No. Por el contrario, desde su punto de vista, se inicia una nueva fase de lucha que persigue los mismos objetivos de siempre, ahora amparados por la legalidad".

Y finalmente confiesa Ordóñez: "flagelos como la desigualdad, la pobreza, la corrupción y la falta de confianza en la institucionalidad, hacen proclive a Colombia al denominado "socialismo del siglo XXI"; "Insisto. Necesitamos, queremos, apoyamos que se llegue a un acuerdo con las guerrillas, pero no podemos ser ciegos sobre lo que eso puede significar para el régimen democrático, las libertades y la iniciativa privada".

Después de leer sus palabras, pudiéramos sentirnos relevados de hacer cualquier precisión más allá de que se trata del viejo, pero eficaz método de utilizar el miedo para movilizar (¿inmovilizar?) la opinión, esta vez con el fantasma el "socialismo del siglo XXI".

Por lo demás no le falta razón a Ordóñez, la firma de un tratado de paz debe iniciar "una nueva fase de lucha", por medios civilizados agregaríamos nosotros, entre quienes por tenerlo todo, defienden lo que él denomina "el régimen democrático, las libertades y la iniciativa privada", frente a los que sentimos la necesidad de un nuevo régimen político que acabe con "flagelos como la desigualdad, la pobreza, la corrupción", entre otros graves problemas que mantienen enferma la sociedad colombiana, recuperando así la legitimidad institucional, base fundamental para la convivencia democrática.

Señor Ordóñez, la amenaza no somos quiénes deseamos y trabajamos por la paz con justicia social, democracia y soberanía para nuestro pueblo; la amenaza son aquellos que desean y se esfuerzan en perpetuar la guerra con todos sus horrores; porque gracias a ella pueden mantener la entrega de las riquezas naturales del país a las trasnacionales, el régimen de dominación política, la explotación económica y la marginación despiadada de los colombianos humildes.

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