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lunes, 21 de septiembre de 2015

La Paz los asfixia

Por: Ricardo Téllez lntegrante del Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP  e integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

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Casi siempre es más fácil y sencillo comenzar una guerra que terminarla.

Puesta en marcha la maquinaria de la muerte, cada una de las partes busca someter por la fuerza, la voluntad de su enemigo.

La guerra interna desatada desde las alturas del poder contra los campesinos que trabajaban la tierra, en 1964, en Marquetalia, no fue la excepción.

Los vientos huracanados de la Guerra Fría que enfrentaba las grandes potencias; toma inusitado ímpetu tras el triunfo de la Revolución cubana.

La tensa situación que se creó entre la tierra de Martí y de Fidel, con los Estados Unidos, recorrió el continente entero. El imperio no quería, ni estaba dispuesto a permitir que ese experimento se repitiera en la parte continental de nuestra América.

En prevención de ello el gobierno del Norte puso en marcha un Plan de Seguridad hemisférico. Este privilegió a Colombia en el aspecto militar para propiciar la "contención al comunismo internacional".

Los campesinos y sectores populares de nuestro país, tenían larga experiencia de resistencia armada y, según la CIA y otras Agencias de Inteligencia gringas, podrían ser aprovechados por los enemigos de los Estados Unidos, de las democracias occidentales y del mundo cristiano; para imponer una dictadura comunista en Colombia.

Ese explosivo elemento se unió al enrarecido ambiente de la política interna, para conformar el cuadro que presagiaba una verdadera tragedia nacional. Desde los grandes medios de comunicación, en declaraciones de altos dignatarios del gobierno, militares, parlamentarios y algunos sectores del clero; se comenzó una especie de ambientación psicológica que pudiera justificar el uso desmedido de la fuerza contra el pueblo.

Uno de los blancos de esa campaña fue la Región de Marquetalia. Allí convivían en armonía entre ellos y con la naturaleza; sobrevivientes de las anteriores oleadas de violencia que persistentemente desataban las élites en el poder, para aplastar el menor brote de inconformidad.

Señalado el blanco, orquestada la campaña psicológica; garantizada la asesoría y los recursos con la ayuda USA; quedaba realizar el cálculo de tiempo y sacar los resultados costos-beneficios; tarea realizada diligentemente por algunos oficiales que habían participado de la guerra en Corea.

La duración de la operación sería de pocas semanas y los beneficios enormes porque se aplastaba para siempre el riesgo de una Revolución en Colombia y su contagio a los países vecinos.

Así de fácil y sencillo se craneó la operación Marquetalia. Los cerebros planificadores no tuvieron en cuenta la justeza de la causa defendida por los campesinos, ni su voluntad y necesidad de Paz, ni de resistencia, ni de nada. Solo querían y buscaban la guerra, que según ellos, sería de pocos días. ¡Cuán equivocados han estado y siguen estando!

51 años después la guerra continúa. En La Habana buscamos ponerle fin. La práctica demuestra que no hay guerras eternas. El postulado es cierto. Pero no menos cierto es que desatarla es más fácil que pararla.

Hitler realizó la guerra relámpago queriendo dominar el mundo y llevó a Alemania al infierno de su perdición. Las oligarquías colombianas soltaron los perros de la guerra para volverlos a amarrar en pocos días, pero la tarea les es esquiva porque muchas personas, empresas, militares y grupos económicos; se lucran desmedidamente de ella y, como decía el Comandante Alfonso Cano, la Paz los asfixia.

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