Video

martes, 29 de septiembre de 2015

Poemas de la camarada Inés Torres

Las valientes

Por: Inés Torres

Esas las que sin reparo ni vergüenza, <su vida no les ha permitido sufrir de eso>, levantan la voz. Agradecen el tiempo que les permite el honorable auditorio.
Y con el valor que da la historia, denuncian a quienes allí sentadas con su pompa y sus trajes, sus perfumes y sus carteras, se dicen luchar sus luchas.

Indignación, susurros, exclamaciones de cólera encopetada.

Pero, las valientes, son como los ríos, crecen con la tormenta.

Mirando fijamente advierten que ellas, las valientes, han aprendido a fuerza de su espalda que no están tan preocupadas por no poder usar rosa o violeta, que ellas, han tenido sobre sus cabezas el olor a azufre que viene de quienes no temen a la historia. Que ellas, las valientes, no permitirán que urracas encopetadas sigan aprovechándose de sus historias para narrar en palcos y recibir premios. 

Ellas, las valientes, saben de revolución porque solo ellas serían incapaces de vender lo que les ha costado la vida. 

El silencio se toma el auditorio y una brisa sacude los copetes y extingue el dulzor de los perfumes. 
La brisa que proviene de la dignidad de ellas. De las valientes.      

---

Recetario 
Por: Inés Torres


Mi nombre no es un nombre cualquiera
Es el homenaje a quien con sus manos quebradas por el tiempo y su pelo de plata 
Guardó su historia en el corazón
Las ellas que comparten mi nombre son la razón.

---

No naciste pa´ semilla

Falsa fuerza
Falso amor
Falsa voz

Naciste pa´ cargador

---

Quítame las ganas de querer besarte
Y quítame de encima la pasión de tu mirada
Quítame las ganas de ti 
Y lánzate a comerte el cielo

Después de una sonrisa
Veté sin mí 
Y quítame las ganas de ti


---

Sin aliento
Por: Inés Torres


Atrapado en la explicación insuficiente, se limitaba a decir tal cual como le instruyeron, punto a punto recitaba, impartía dogma, clasificaba en reforma y revisión.

Su dedo apuntaba a la derecha, a la izquierda
-Reformista
-Revisionista
-Desviado

Atento a cada palabra sin más argumentos que una sonrisa la escuchaba; su severo caso de alienación dogmática y casi-revolucionaria era sacudida por la fuerza de esa voz, por la mirada fija y persuasiva, por los enormes y almendrados ojos cafés de ella.

Sus frases, como los tiros que la enamoraron de la llanura.
Su voz, como la historia, imparable.
Sus argumentos, como los de las valientes que la levantaron, bolivarianos. 

La pasión quería arrebatarle por un segundo y tal vez mil esa voz, las manos inquietas querían estrecharla; pero su complejo caso de estupidez pro oligárquica se lo impedía.

Lo leyó en sus ojos, sonrió y se cayó.
Tomó su mano, lo llevó a la complicidad de la luna y lo besó, con el fuego y la pasión del amor por lo que cree, con la convicción en cada suspiro, con la fuerza de la verdad. Así, así como solo los auténticos bolivarianos pueden besar.

No había remedio quería verla, quería escucharla, sí! quería escuchar una vez más, porque él ya no era el mismo, no desde aquella noche, no desde que su cerebro casi estalla con cada argumento, cada frase, con cada sonido de su voz.

Quería verla, sí! para besarla.
Pero quería verla para que le contara un poco más. 
Era inevitable se había enamorado, no solo de esos ojos, esas manos, esos labios.
No! se había enamorado de esa fuerza, de ese amor.
Se había enamorado de Bolívar y de Martí, de las Manuelas y las Gaitanas, de esa sonrisa, porque nunca había visto una sonrisa sincera, una que saliera del amor rebelde, de esas que salen de la tranquilidad de la vida entregada a la nueva patria.

Era inevitable, se había enamorado de Manuel y de Jacobo, narrados por la pasión de Alfonso y Jorge.
Era inevitable, ella derrumbó su pared de falsos rebeldes, ella instaló en su cerebro la duda, ella movió su sistema de juicios. En una noche ella le mostró como aman los revolucionarios, ella le enseñó en una noche lo que durante años él negó. 

Nunca más la tuvo. Nunca más le habló
Hoy recuerda el primer día de su nueva vida, cuando la lucha, la dignidad y el amor se materializaron en esa voz. 

Él jamás supo que ella también agradeció a la vida por esa noche.    

---

Sombra y Látigo
Por: Inés Torres

Con sus manos, cubrió la cabeza.

Resistió una, dos, tres, cuatro patadas.
Las palabras con las que nacer mujer sonaban al compás de los golpes.

Buscó refugio
Corrió
Gritó 

Nadie vino.

Sellada con la culpa que la historia le impuso, lloró, limpió su propia sangre, se levantó y de nuevo lloró.

Quien se limpió el peso de nacer hombre también lloró.
No sabía cómo dejar de ser lo que la historia le enseñó que debía ser.

Corrió
Golpeó paredes y puertas
Gritó y de nuevo lloró.

Ella atrapada por la historia de una costilla
Él atrapado por siglos de temor a entenderse sin poder.

Nunca se volvieron a ver
Ella decidió no ser nunca más sombra
Él decidió no ser nunca más látigo.

Hoy comparten todo sin saberlo
Amor, sueños, futuro, lucha, entrega.
Hoy hechos camaradas sin proponérselo 
Entregarían la vida el uno por el otro, sin dudarlo

Hoy están definitivamente enamorados.  

0 comentarios:

Publicar un comentario