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miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Somos todos los colombianos, colombianos?



Por: Antonia Simón Nariño, integrante de la Delegación de Paz FARC-EP

En los Diálogos de Paz se sientan, día tras día, frente a frente en la Mesa, delegados de dos de las partes que participan -no de la misma, ni desde la misma posición- en el conflicto colombiano: Gobierno y FARC-EP. Nos aprestamos a dialogar, a manifestar las ideas que la experiencia de esa mísera condición de la guerra ha impreso en los colombianos, para hablar y discutir sobre lo que ya ha sucedido, lo que debería haber sido, lo que debería suceder y lo que tendrá que ser.

Es necesario poner sobre la mesa todas las cartas y no escatimar en agotar las posibilidades que permitan dar fin al conflicto; esto actuando oportunamente. Los argumentos que defienden cada una de las partes distan -como es obvio- los unos de los otros, pero debemos encontrar y dar solución a lo que nos trajo a La Habana. La guerra no permite el desarrollo ni el progreso de ninguna nación.

Hay quienes disfrutan de la guerra; aquellos que no participan directamente en ella, sino de sus utilidades, esos son los que prolongan nuestra tristeza.

Cuando veo y escucho a los militares y representantes del Gobierno, quienes no ahorran palabras para conmemorar en cada momento las bondades del Estado colombiano para con nosotros; la otra parte, pienso en que si será realmente su formalidad tal y tan arraizada -formalidad que no escatima en reflejarse a cada intercambio cuando de argumentar posiciones se trata- que no les permite comprender la deformación de vida que el Estado colombiano le imprime al soberano. ¿Acaso jamás han visto ni escuchado a su pueblo reclamar y lamentarse? ¿Ha sido tan certera la dogmática doctrina con que les han alimentado que ya no reconocen las miserias humanas? o ¿son cómplices descarados de los lucrados que nos han condenado?

Cuando los observo mientras hablan, me pregunto cuántos de ellos aman mi pueblo, cuántos de ellos han pasado hambre, cuántos de ellos han sufrido por falta de una simple asistencia médica, cuántos tuvieron que vivir la angustia del miedo.

Los delegados del Gobierno que son representantes de la política tradicional y los miembros de las FF. AA., componentes juntos de esta trágica historia nacional por un lado y las FARC-EP -que es el pueblo colombiano- exponente de la realidad tal cual, de un país cansado de tanto desarraigo, por el otro, se saludan todas las mañanas, los unos y los otros colombianos, en tierra extranjera, lidiando acaso por una Colombia Nueva… acaso por una derrota a la tragedia.

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