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martes, 29 de septiembre de 2015

Una sonrisa y un mensaje de paz


Por: Milena Reyes Integrante de la Delegación de paz de las FARC-EP Tuiter: @FARC_MilenaR 

Con uniforme de paz y la sonrisa en los labios, hizo su entrada nuestro comandante Timoleón  Jiménez al salón donde se sentaría a unos cuantos metros de Juan Manuel Santos para la firma del Acuerdo sobre Jurisdicción Especial para la Paz;separados solamente por el General de Ejército Raúl Castro, quien con su sonrisa y gestos no podía ocultar su satisfacción por ejercer de anfitrión, para el histórico encuentro del 23 de septiembre.
 

Con mi cámara al hombro, percibía la alegría de nuestro comandante Timoleón esa noche; cada imagen era una sonrisa, cada gesto era un pensamiento, que en nada se parecía  a las expresiones que la guerra nos pinta en el rostro cuando nos toca enfrentarla en los momentos más difíciles. 

Esa noche era como si se estuviera firmando la paz; sé que muchas y muchos no sentimos así, como si se estuviera firmando la paz.

Con seguridad, el Comandante toma el micrófono y lee las palabras  que las FARC-EP mandamos al país: "Nos complaceanunciar que esta jurisdicción especial para la paz ha sido diseñada para todos los involucrados en el conflicto -combatientes y no combatientes- y no sólo para una de las partes, desde una perspectiva fundamentalmente restaurativa, abre la posibilidad de ofrecer Verdad detallada y plena, para sentar bases para la reparación y no repetición, que satisfaga los derechos de las víctimas y las expectativas de reconciliación de la sociedad".

Esas palabras dejaban en claro una cosa, no es un acuerdo para una de las partes solamente, como lo han querido mostrar con aires de triunfalismo voceros gubernamentales en sus intervenciones que, a ludiendo siempre a las palabras cárcel y confinamiento;  vienen desvirtuando los acuerdos de justicia y confundiendo de forma mal intencionada  a los colombianos, con relación al acuerdo anunciado en el acto del 23 de septiembre.

Con su puño en alto y la V de victoria, el comandante manda un mensaje de paz  para el pueblo  que lo estaba viendo en algún rincón apartado del país, y para quienes se  han dedicado  azuzar la guerra desde los escritorios y micrófonos. ¡Vamos por la paz!

 Terminados los discursos, los mandatarios se levantan. Enérgico nuestro comandante se pone en píe mirando siempre al frente; nosotros, los camarógrafos, atentos a capturar esa sonrisa sincera que esparcía para todos los lados de la sala; mira a Juan Manuel Santos, quien con su cara dura, ocultando siempre las sonrisas y  mirando bajo, es sorprendido por la mano deferente de nuestro comandante que se extiende hacia la suya; la duda se apodera tres segundos de él; lo piensa y al final responde al saludo sintiendo la  fuerza de la mano de quien durante años ha perseguido.     

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