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lunes, 26 de octubre de 2015

A la policía y militares en servicio activo acantonados en el municipio del Bagre

Nunca ha sido fácil parar la guerra una vez ésta se inicia y quedan en el campo de combate los primeros muertos, heridos y lisiados de la guerra. La experiencia también nos ha mostrado que en ella los que más sufren son los humildes y desposeídos. Desde orillas opuestas hemos visto y sentido en carne propia las consecuencias de esta odiosa y fratricida guerra.

Guerra que el Estado inició. Sucede que nunca nos hemos sentido representados por los que han detentado el poder en Colombia durante este último medio siglo. No hemos conocido la paz, ni el pan, ni la justicia. Muchos de ustedes todavía no habían nacido cuando ya en el Sur del Tolima el Indómito Manuel Marulanda resistía y combatía forjando esperanzas de una nueva y justa Patria. A eso le hemos apostado todos estos años, arriesgando la vida cada día, cada noche, sin quejas ni desmayo.

Los guerrilleros portamos fusiles y pistolas para hacer política, como expresión de nuestra indoblegable rebeldía, para que el Estado colombiano comprenda, de una vez por todas, que muchos hay en Colombia, que luchan y se alzan ante el abuso y la injusticia y que no les quedará fácil cumplir con sus propósitos de saqueo y explotación. Y, en eso, el pueblo nos alienta y acompaña, ustedes bien lo saben.

Mientras tanto, a ustedes les ha correspondido el triste papel de defender a los más poderosos, a los gamonales, a las abusivas empresas extranjeras que vienen a saquear las riquezas de estas tierras, sin preocuparse para nada por su desarrollo, el progreso, el medio ambiente, las gentes y su trabajo. La misión que les han encomendado es perseguir y dar de baja guerrilleros y para ello los gobiernos de turno han destinado enormes recursos del fisco nacional, en desarrollo de una guerra en la que nunca ha habido vencedores ni vencidos.

Insisten en ubicar nuestras unidades y mandos guerrilleros a fin de asesinarlos. Contratan amplios espacios publicitarios en emisoras para dedicarlos a buscar la deserción de las guerrillas. Utilizan desertores y traidores sin pudor, que se venden por una migaja de pan, los aplauden, los pasan a diario por sus emisoras prometiendo ilusos universos de felicidad. Bien sabemos nosotros lo que sucede con ellos una vez recogen informaciones útiles a la Inteligencia.

Más despreciables aún son aquellos oficiales y mandos militares que reclutan y envían a humildes muchachos y muchachas sin ninguna preparación para infiltrarlos en nuestras filas. La tarea de ellos no es sencilla, se trata de introducir microchips, venenos, cámaras, tratar de asesinar comandantes guerrilleros y en general causarle daño a nuestra organización; pero al llegar a la guerrilla se estrellan con la realidad: La existencia de una sólida organización política militar que tiene una larga experiencia de combate y está entrenada en una férrea disciplina.

No contentos con lo anterior, se ensañan con nuestras familias y seres queridos, con el fin perverso de presionarlos con procedimientos que van desde los abiertamente ilícitos como el secuestro y el chantaje, las amenazas de muerte, cárcel o pérdida de la patria potestad de sus hijos, hasta la oferta de recompensas por colaborar en la entrega voluntaria o violenta de sus familiares. De todo eso hemos sido víctimas.

Todo esto es bastante injusto. Ya va siendo hora que cesen estos atropellos. Las nuevas realidades del país así lo indican, los diálogos en la Habana en búsqueda de la paz y la reconciliación de la familia colombiana avanzan a paso acelerado. Se trata de lograr un acuerdo para que los revolucionarios podamos hacer política sin portar armas, a cambio de que el Estado deje de perseguirnos y asesinarnos por nuestras ideas. Aspiramos a que nos permitan trabajar organizadamente con las comunidades en la defensa de los territorios, del trabajo y del progreso de estas abandonadas regiones que ustedes bien conocen.

La existencia de grupos paramilitares y bandas criminales que muchos mandos militares y policías todavía protegen, bastante daño le causan a la Paz que intentamos construir. Eso es palpable en regiones como la de Puerto López y Puerto Claver. Ustedes saben que se trata de un reducido grupo de bandidos dedicado al asesinato, al tráfico y mercadeo de droga ilícita, a la extorsión y el abuso de humildes campesinos, mineros y comerciantes. Algo tenemos que hacer al respecto.

No está lejos el momento en el cual nos corresponda trabajar de común acuerdo para alcanzar la reconciliación y la paz de esta martirizada Patria que a todos nos duele. Desde nuestros campamentos hacemos votos para que se llegue a buen puerto y la paz, con pan y justicia sea una realidad. No seamos inferiores a esas expectativas.

Un abrazo de compatriotas,

Dirección Compañía Gerardo Guevara
Bloque Magdalena Medio FARC – EP.
Montañas del Sur de Bolívar.
Octubre 24 de 2015.

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