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viernes, 2 de octubre de 2015

La vida que me merezco


Por Victoria Sandino Palmera, Delegación de Paz de las FARC-EP

Un fuerte golpe en la cabeza me sobresaltó, aún somnolienta brinco de la cama, fue entonces cuando me percato que no me han pegado, solo era el ruido de ollas en el lavamanos al otro lado de la pared, en el baño de la pareja vecina que queda justo en mi cabecera. Total el sonido me despertó, ya eran las 5:30 de la mañana, se vino de golpe el agite del día: el taller que inicia a las 8:00, antes debo revisar prensa, enterarme de las noticias, poner twitter en Farianas y en el perfil personal, preparar los informes para el camarada Pablo, cancelar unas citas, en fin, el chorro de tareas del día continúa.

Mi socia de cuarto, como de costumbre, a esa hora seguía durmiendo. Paso corriendo al baño, entonces me acuerdo que debo visitar a Carmenza para responder correos y organizar el chat programado para hoy, uff!, mejor me preparo un tinto. Mi socia se acaba de dar vuelta al tiempo que emite un gruñido donde creo escuchar "¿ya hiciste tinto?"... y sigue durmiendo. Pienso ¡esa es la vida que yo me merezco!

Luego del baño, sigo escuchando los sonidos de los trastos en el cuarto vecino, seguro que es él, cuando él cocina, siempre hace más ruido, suena el chorro del agua, golpes de olla con la loza del lavamanos. Ni modo con mi socia de cuarto, voy a prender el radio, digo, las emisoras colombianas por internet, de todas maneras ni el olor del tinto es capaz de despertarla.

¡Miércoles! Está la noticia en las redes y prensa, sobre la llegada del camarada Timo, ¿qué cosa?, salgo al pasillo, el agite es mayúsculo. Pablo ya va bajando al segundo piso donde Iván, se nota que ha pasado la noche en vela. Ahora entiendo mejor por qué llegaron y salieron carros hasta las 2 de la madrugada.  Quise indagar con quienes me encontraba al paso, pero nadie sabía con certeza qué había pasado ni lo que sería el trabajo para hoy, solo el Secretariado.

Igual no alcancé a hacer mucho de lo que tenía planeado apenas me levanté. A la hora del desayuno continuaba la incertidumbre frente a la jornada venidera, así que me dispuse para el taller, llegó el personal de todas las casas, solo se escuchaba el rumor, sabíamos que había llegado el camarada Timo, pero nadie lo había visto, hicimos corrillo ambientado por una alegría rebosante. Este encuentro entre Santos y Timo me recuerda el Caguán. Hacemos conjeturas, ¿cómo será? ¿A quienes nos tocará presenciarlo? El taller, por cierto, estuvo bastante accidentado, todos y todas pensábamos en el encuentro.

Al medio día se produce la estampida, las chicas corrían por las cámaras, para cargar pilas, desocupar tarjetas, alistar todo, pues les confirmaron que grabarían el evento. Yo también debía alistarme.

De vuelta al cuarto perdí la mirada a través de la ventana, me vino la imagen en la montaña de una araña lanzándose al vacío sostenida por su único hilo, segura de saber que no se estrellaría, ya que ella es la portadora de su interminable madeja. Por un instante tuve ganas de llorar de alegría, también de tristeza. Me había tocado presenciar el encuentro entre Manuel Marulanda y Pastrana en el Caguán, en el 98, ahora me tocaba este, entre Timoleón Jiménez y Juan Manuel Santos; hace 17 años si se hubiera alcanzado la paz, Colombia sería otra, muchos hijos e hijas del pueblo contarían con vida, Alfonso Cano estaría vivo, Laura y tantos más... Quisiera compartir este momento con la guerrillerada en los campamentos.

El acuerdo alcanzado sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, dentro del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición para el fin del conflicto es un paso gigante hacia la paz, yo diría que irreversible. Tengo emoción pero también tensión, pienso además en los prisioneros y prisioneras, pienso en sus padecimientos y en la amada libertad. Pienso en un amor que no es, en fin, son las 3 de la tarde, estoy frente al espejo, he terminado de acomodarme el turbante, estoy apropiada para la ocasión. Cuando vea al camarada Timo, lo abrazaré y le agradeceré todo su apoyo al trabajo que realizamos las mujeres de la Delegación.

Llegamos a la casa de protocolo donde se encuentra el camarada Timo, los hombres están impecablemente vestidos con camisa guayabera, la mayoría de las mujeres no están, ya se encuentran en puesto con sus artefactos fotográficos. Hay saludos, abrazos, frases, reencuentros, estamos creciendo en la paz. El comandante permanece unos momentos y sale al encuentro con el presidente Santos; mientras, vemos Telesur en directo desde el salón de protocolo de El Laguito, en donde en contados minutos se producirá el histórico evento.

La entrada emocionante de los presidentes Raúl Castro, Juan Manuel Santos y el comandante Timoleón Jiménez estuvo precedida por el rafagueo de disparos de cámaras. Se produjo la lectura del comunicado conjunto por parte de los representantes de los países garantes, los respectivos comunicados de los jefes de Estado, y el de nuestro comandante; las respectiva ruedas de prensa...

Regresamos a la casas con una emoción desbordante, nos conectamos en las redes, twiteamos, respondimos correos, llamadas, intercambiamos reacciones. Ya es media noche, me alisto para meterme a la cama a leer las consabidas páginas de un libro antes de quedarme rendida, digo dormida. Mi socia, en su cama, también esta leyendo, me da las buenas noches, la observo plácida, también como de costumbre.

Ya casi dormida imagino la vida que me merezco, la que me gustaría tener un día de estos, cuando hayamos alcanzado la paz con justicia social, estable y duradera: leer un buen libro por placer, un buen vino, una buena canción, un poema porque ¡no!, y otras cositas, entre ellas claro, dormir tranquila y profundamente...

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