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lunes, 19 de octubre de 2015

Los testaferros de la guerrilla



Por: Isabela Sanroque. Guerrillera Bloque Comandante Jorge Briceño de las FARC-EP

Hace unos días un camarada llamado Iván  indagaba  sobre el tema de las tierras que según la Resolución 00810  de 2015, son  baldíos que la guerrilla dio a testaferros. Su inquietud tenía como trasfondo, no solo las malas intenciones del INCODER, sino además el humilde patrimonio de su familia.

La historia empieza cuando el abuelo Anselmo, campesino de marcadas facciones indígenas, viaja hace más de 25 años desde el Tolima a sacar madera y conoce esta región. Decide traer a su familia a colonizar, su migración obedecía a las necesidades económicas y a la persecución política por ser activista de la UP. El abuelo pretendía hacerse a un terruño; trabajó intensamente con la abuela María en la construcción de su pequeño fundo, los tres hijos mayores iletrados como don Anselmo y doña María, se dedicaron desde niños a esta misma empresa, sus juegos infantiles se cruzaron con el hacha y el machete. Aquí nacieron las 2 últimas hijas, a  orillas de uno de los más importantes ríos de esta región que no se sabe si es del Meta o del Caquetá. Por eso tanto Iván como sus tías tienen registro de nacimiento en San Vicente del Caguán pero ahora su finca está en una vereda de Macarena.

Poco a poco la familia junto a los vecinos fueron respondiendo a las necesidades de la comunidad, cargaron a cuestas el peso de un Estado ausente, por lo cual hubieron de cimentar la escuela, construir los puentes y limpiar las trochas que luego se convertirían en carreteras. Desde entonces cultivaron la tierra para auto sostenerse, conscientes de que comercializar sus productos afuera era un imposible por el difícil acceso a sus fundos. 

Derribaron árboles y sembraron pastos para alimentar el ganado que trajeron de regiones aledañas, casi siempre en un trato con los dueños llamado al aumento. 
En esta misma región el papá de Iván, se hizo un hombre y hubo de trabajar por mucho tiempo en otras fincas por un jornal, es decir un pago mínimo diario. En esas andanzas conoció y se enamoró de la mamá de Iván. De esa relación nacieron Iván y sus 3 hermanas, los cuatro partos se dieron en una pequeña y rustica casa de techo agujereado.  

Es poco lo que Iván recuerda de la zona de despeje, excepto los cariños que le hacían las guerrilleras cuando pasaban por la casa, las revisiones de salud de los enfermeros farianos al abuelo y las anécdotas que le cuentan los mayores sobre el paso de Marulanda y el Mono por esta región.  El joven Iván solo curso hasta quinto de primaria, luego por las dificultades económicas, se convirtió a los 11 años en recolector de hoja de coca o "raspachin". A los 15 años, ingreso a las filas de las FARC-EP.

Cuando se ha vivido a distancia de estas realidades tan comunes para algunas regiones campesinas, tal y como lo han estado las distintas instituciones gubernamentales es fácil afirmar que quienes han vivido aquí por tantos años son invasores, que afectan el medio ambiente y las reservas naturales, mientras tanto el daño ambiental producido por la palmicultura y la explotación de hidrocarburos en otros municipios que despojo el paramilitarismo son un asunto irrefutable. Esa es la visión de los  Ministerios del Medio ambiente y  de Agricultura.

Dicen también que los habitantes de estos territorios han vivido al margen de las leyes estatales y de la Constitución, que son auxiliadores del terrorismo y del narcotráfico, pero no hablan de que el presupuesto público y las inversiones a estas regiones han sido totalmente insuficientes, y que además si la guerrilla se ha convertido en sostén político ha sido porque se ha ganado la autoridad en el intercambio respetuoso con las comunidades. La forma más frecuente de visualizar al Estado ha sido a través del ejército, que se ha presentado solo como una máquina de represión y violación a los derechos humanos.

Aseveran además, que aquí hay prácticas de explotación infantil y que la guerrilla hace reclutamiento forzado. Se lavan las manos frente a las razones de desescolarización de la niñez en estas zonas, que realmente responde a la pobreza y a la ineptitud del Ministerio de educación para garantizar cobertura y calidad.

Igualmente se desentienden de la falta de oportunidades para los y las jóvenes de estas áreas, muchos de ellos y ellas ingresan voluntariamente a las FARC-EP, motivados por mejorar las condiciones de vida de sus familias y por supuesto las de su país.
Más allá de los absurdos juicios que puede hacer el Ministerio de Defensa y la Fiscalía sobre las y los pobladores de estas tierras, calificándolos como testaferros de la guerrilla, lo cierto es que efectivamente estas regiones han visto nacer un sin fin de combatientes insurgentes, y las razones del crecimiento guerrillero sobran a la vista.
El desconcierto del camarada Iván, se alimenta de conocer los documentos del Proceso de paz, haber releído lo referente al primer acuerdo parcial, entender que uno de los temas fundamentales en la solución al conflicto es la tierra, creer con intenso optimismo en que la Paz con justicia social para Colombia es posible. Por eso con frescura y seguridad pregunta Iván en una informal charla ¿A que juega Santos?

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