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jueves, 22 de octubre de 2015

ser revolucionario va por dentro


"Nacimos de la adversidad, orgullosos de ser lo que somos y de cómo lo hacemos, sin importar el campo donde luchemos, siempre será una vida revolucionaria aquella que pretenda cambiar el mundo de injusticias..."

Por Isabel Santamaría. Militante PCCC

El pensarse desde la empatía las necesidades ajenas ha significado a lo largo de la historia, un sacrificio que solo aquel que tiene un motivo contundente para asumirlas podría justificar su intervención en la reivindicación que da lugar a éstas, llevando incluso a desdibujar el concepto mismo de empatía y a contemplar más aquella necesidad de empoderamiento de su propia causa. 

Cabría entonces pensar sobre el significado de esa "propia causa", identificar qué es aquello que motiva al verdadero revolucionario a luchar por el cambio, por la transformación de un mundo donde reina la injusticia y la desigualdad, y si eso realmente revela un interés casi personal de reclamar por aquello que afecta sus condiciones y las de su entorno, o si más bien responde a una conciencia de clase que trasciende las fronteras clásicas de la diferencia y se resguarda en la intención legítima de lucha en contra de las causas que hoy día afectan directamente la vida digna de todos y todas. 

¿Será posible solo apartarse del contexto histórico que rodea la realidad e identificar dos bandos que se contraponen en intereses, formas de actuar y soñarse el mundo? Es posible que la respuesta sea negativa, y será más que conveniente incitar el veredicto a imaginarse un mundo donde cada espacio donde exista la injusticia sea la trinchera de un revolucionario. Porque en un mundo como el de hoy, las contradicciones superan los escenarios clásicos de confrontación, porque hoy día no podría invisibilizarse la necesidad de ahondar en las necesidades de una clase de explotados mucho más amplia y desdibujada, que a través de los artilugios de la modernidad, el progreso e incluso la globalización, ha sido subsumida en las pretensiones del capital. 

Esto sin ser un afán solo de hoy, y quizás que nazca de la pretensión de alguien q no ha sufrido la inclemencia del hambre o el rechazo, pero que la ha visto, le duele y la siente como propia, ha sido la motivación de muchos y muchas que se han identificado en un sentimiento de indignación surgido de la adversidad de las realidades que viven en los entornos las grandes masas populares. Habrá que pensarse el por qué no explorar en lo interno de esos círculos que parecieran alejados de los intereses de esta clase dominada, donde pueden esperar grandes espíritus revolucionarios que necesiten un impulso para abandonar esa conciencia de clase dominante y refugiarse en aquello que la vigencia de esta lucha implica, la necesidad de pensarse un mundo libre, soberano y justo. 

Habrán mil contradicciones y vacíos de forma y fondo en una pretensión de este tipo, pero no por eso se debe desechar aquello que Bolívar significó y mantiene con vocación de permanencia en la historia, y es la determinación y fortaleza para abandonar su conciencia de clase dominante y sumarse a las luchas emancipadoras de un pueblo en armas que luchaba por su libertad. Muchos y muchas resignifican día a día la imagen de la revolución, en sus reclamos cotidianos, en sus acciones que propenden por estimular un cambio aunque sea mínimo en la conciencia de otros tantos que deciden. 

Nacimos de la adversidad, orgullosos de ser lo que somos y de cómo lo hacemos, sin importar el campo donde luchemos, siempre será una vida revolucionaria aquella que pretenda cambiar el mundo de injusticias y desigualdad para aquellos que nunca han visto otra posibilidad, y que desde el statu quo no tendrían cabida ni valor. 

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