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domingo, 29 de noviembre de 2015

El editorial del 26 de noviembre en EL COLOMBIANO

El editorial del 26 de noviembre en EL COLOMBIANO

www.farc-ep.co


Una posición que no contribuye en nada a la búsqueda del fin del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera.

El mencionado editorial hace gala de la nefasta tendencia que inspira el ánimo de una porción de colombianos obsesionados con la continuación del conflicto armado. Desde el comienzo, y tras despreciar el hecho de la desactivación de 33 minas en la zona, porque en otras según algunos pobladores hay enterradas más, dirige su veneno a demostrar que somos las FARC-EP los grandes responsables de los problemas padecidos por las comunidades rurales.

Las FARC, según el periódico de Medellín, seguimos empeñadas en fomentar y controlar la siembra de los cultivos ilícitos en la zona, obteniendo jugosos beneficios económicos de ello. Para afirmarlo se apoya en una frase que atribuye a un campesino de la zona, que aparece entre comillas y abstraída por completo de cualquier contexto. Por tanto seguimos siendo una amenaza para el Estado, las instituciones y la ciudadanía. ¿Qué cabe entonces hacer con las FARC?

Desde luego no podía faltar tampoco la condena a la débil presencia del Estado colombiano en la región, el cual no ha hecho sino promesas de ayuda, sin ningún proyecto serio de sustitución. No nos corresponde en ningún caso asumir la defensa de la gestión del gobierno nacional, a todas luces deficiente no sólo en El Orejón sino en el resto del país, pero no podemos ser indiferentes ante el hecho de que de este modo EL COLOMBIANO ataca doblemente al proceso y sus avances.

El periódico se ufana, en aras de su independencia, de no haberse sumado al conjunto de la prensa que abordó el helicóptero con la comitiva que viajó a El Orejón. Se sabe que hay en curso allí una visita de los delegados de ambas partes de La Mesa de La Habana con el propósito de verificar los avances del plan de desminado. Para no contaminar su texto, decidieron trabajar en solitario, quedándose por fuera obviamente del contexto. Hubiera sido mejor hacer parte de él.

Porque se corre el riesgo de hablar sin el suficiente conocimiento de causa. Nos parece que permanecer en contacto directo con la comisión de verificación, allí en el terreno, se ajusta más al derecho de sus lectores a estar bien informados. Era precisamente la ocasión para cuestionar y contrastar sus versiones con las expresadas por cualquier crítico.¿Entrevistaron los de EL COLOMBIANO a Pastor Alape y demás protagonistas? Es claro que no.

Así no se hace periodismo objetivo. Da la impresión que los de EL COLOMBIANO asistieron con una orientación previa, la de hallar argumentos de cualquier naturaleza con el fin de desprestigiar los actuales esfuerzos en busca de la paz. Claro que son muchísimos y graves los problemas que tiene Colombia, como para haber producido un conflicto tan largo. De lo que se trata es de ponerle fin, no de prolongarlo. Y para eso se necesita dejar de una vez por todas el veneno a un lado.

Montañas de Colombia, 28 de noviembre de 2015.

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