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sábado, 28 de noviembre de 2015

LOS QUE MUEREN POR LA VIDA, NO LOS MATA NI LA MUERTE.



Hay hombres que luchan toda su vida, y otros quedan su vida por la lucha, son estos los que nos demuestran que los que luchan por la vida, no los mata ni la muerte.

Por:  Alfonso, militante del PCCC

Aún recuerdo la primera vez que observe una foto del comandante ALFONSO CANO, en uno de esos periódicos al servicio de la burguesía, donde realizaban un recuento de las ordenes de captura emitidas hacia su persona,  el cómo se llenaban la boca tildándolo de terrorista y antisocial,  como suelen hacer estos medios de comunicación basura; que ven el conflicto en el que vivimos, con un morbo asqueroso al servicio de sus intereses, sin importarles las miles de víctimas de esta guerra fratricida y sin importarles el dolor del pueblo colombiano.

Fue esta imagen la que me despertó de un trance en el que me encontraba y por el que pasamos muchos jóvenes cuando no vemos más allá de esa burbuja que nos rodea y no entendemos las dinámicas y las condiciones de desigualdad y pobreza en las que nos tienen sometidos,  esta y muchas más cosas me llevaron a investigar quien era ese ser humano que se encontraba tras esas enormes gafas redondas y esa tupida barba que no dejaba ver más allá de sus gesticulaciones, quien hablaba con un fervor carismático sobre el porqué de su lucha, la más noble causa que pueda realizar un hombre, que es luchar por su pueblo.

Es con el paso del tiempo y el estudio de este personaje, que esa curiosidad se convirtió en admiración y respeto hacia él y muchos otros, que siempre vivirán en nuestra memoria.

Fue desde entonces que esa figura de lentes grandes y extensa barba, empezó a tener un sentido y un contenido para mí,  ese intelectual nato amante de los libros de historia y política, excelente jugador de futbol, hincha del mejor equipo del mundo, millonarios. Que viniendo de una familia pudiente y de estirpe conservadora,  decidió dejar su vida de lujos y comodidades, para venirse al monte a luchar por el más noble ideal, que es la lucha por su pueblo, teniendo aun que abandonar su propia familia,  para luchar por un sueño y un ideal, que le dio otra familia llamada Colombia, por la cual lucho hasta su último suspiro antes de que le arrebataran su vida, de la forma más cruel que pude existir.

Ese hombre carismático y lleno de virtudes, que le apostaba a la transformación de este país, que lucho incansablemente por ver materializado ese sueño que un día lo llevo a tomar la decisión de empuñar un arma  con el más profundo sentimiento de amor a su patria y a su pueblo, por el cual ofrendo su vida sin chistar y sin esperar nunca nada a cambio, ese constructor de utopías que nos enseñó el perrenque y el compromiso revolucionario, que solo un convencido y enamorado de su lucha es capaz de realizar tal sacrificio.

El camarada, el hermano, el amigo, que nos dejó tantas enseñanzas, que nos demostró que esta lucha no es solo de los sectores más desiguales y pobres de este país, sino que esta es una lucha de todos aquellos que sintamos ese anhelo de cambio y transformación  y que escuchemos ese llamado que nos hace la historia a seguir los pasos y la ruta que los viejos iniciaron en la construcción  de una nueva sociedad, de un nuevo país, de una Colombia al alcance de nuestro sueños y necesidades.

Por esto y muchas otras cosas es que hoy levanto mi voz y digo con orgullo, que esa lucha también es mi lucha, la cual estoy dispuesto a defender con mi existencia si es necesario, y con el mismo compromiso y amor revolucionario, con el que digo que me siento enormemente orgulloso de poder reivindicar el nombre de tan noble defensor de la vida, en realidad me quedo corto de palabras para demostrar la admiración y el respeto que desarrolle, por ese extraño de gafas grandes y abundante barba que un día observe en un periódico.

Así muchos se alegren por su partida, que sepan que no has muerto, pues vives en cada una de nuestras mentes y en cada compañero y que tu ausencia física solo sirvió para reafirmar nuestro compromiso por esta revolución y por esa gran familia llamada Colombia. Que así en este país quien defienda la vida sean perseguidos, torturados y asesinados y quienes persiguen, torturan y asesinan sean condecorados y alabados, que sepa el establecimiento que somos pobres y somos muchos, y que vamos a construir la Colombia que nos merecemos, que tiemble la institución y los empresarios de la coerción y la corrupción, pues ya no tenemos nada que perder, pues ya todo no lo han negado, en cambio sí tenemos todo por ganar, el miedo ya hace parte de nuestro pasado.

Por nuestro muertos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate, comandante MANUEL MARULANDA, comandante JACOBO ARENAS, Comandante ALFONSO CANO, comandante  JORGE BRICEÑO;  y todos aquellos que han ofrendado su vida por esta noble causa. 

JURAMOS VENCER Y VENCEREMOS.

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