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viernes, 27 de noviembre de 2015

Por la libre, la constancia histórica de García Márquez

Por la libre, la constancia histórica de García Márquez

 "La derecha pro norteamericana, que en gran medida ha logrado colonizar la mente de millones de colombianos, calificará de nostalgias trasnochadas estas crónicas."



Por Gabriel Ángel

Ahora que la serie de Canal Capital vuelve a poner en el primer plano mediático al premio nobel colombiano, me parece oportuna una reseña personal acerca del libro editado por Literatura Random House en marzo de este año, que compila artículos de prensa escritos por Gabriel García Márquez entre 1974 y 1995, y que lleva por título Por la libre Obra Periodística 4.

No hay duda de que se trata de una bella e importante obra. Y lo digo tanto por su forma como por su contenido. La presentación del libro me parece impecable y seductora. De acuerdo con los créditos, la ilustración de su cubierta corresponde a Alejandro Magallanes, y hay que decir que está muy bien lograda. Aparte de que la suavidad del papel gratifica la yema de los dedos.

Conocemos de sobra la genialidad para escribir de García Márquez, así que imaginémosla unida a la descripción de importantes acontecimientos históricos. Dice la contraportada: "…el lector encontrará veintiséis reportajes más que son otras tantas teselas del mosaico de dos decenios de historia del mundo y, en particular, de América Latina…" Es completamente cierto.

Con una observación personal. El García Márquez que escribe la mayoría de las notas reunidas en esta edición, es el autor de izquierda, comprometido con las luchas de los pueblos del tercer mundo, el Gabo de los tiempos de la revista Alternativa, el hombre que no escondía su admiración por los hombres que marchaban a la vanguardia en la lucha contra el imperialismo.

Ubicado al margen de cualquier partido, el Gabriel García Márquez que se nos presenta aquí es el que denuncia sin pelos en la lengua a la CIA y a las dictaduras de seguridad nacional en América Latina. El hombre que se indigna con el crimen de Salvador Allende y se acerca respetuoso pero inquieto a los dirigentes revolucionarios clandestinos del cono sur.

El Gabo que no oculta su abierta admiración por la revolución cubana, que no ahorra palabras para enaltecer a Fidel Castro y al Che Guevara, que aplaude emocionado el asombroso papel internacionalista de la Cuba revolucionaria en África, y particularmente en Angola. Que se duele por las consecuencias del inhumano bloqueo norteamericano a la isla.

Y por las infamias cometidas contra Vietnam, incluso finalizada la guerra. Sobre el pequeño y martirizado país, tan calumniado entonces como la Siria de hoy, concluye: "No había remedio: al cabo de tantos siglos de guerras, Vietnam había perdido una batalla grande en una guerra menos conocida, pero tan sangrienta como las anteriores: la guerra de la información".

Treinta y seis años atrás advertía García Márquez sobre esa nueva guerra capaz de convertir a las almas más puras en demonios. Sólo le faltó el viceversa, puesto que Jimmy Carter, responsable en gran medida de la campaña contra Vietnam y de las dictaduras del cono sur, pasó a figurar en la historia como adalid en la lucha por la defensa de los derechos humanos.

Personajes tan latinoamericanos y caribeños como el Presidente de Panamá Omar Torrijos y el líder del M-19 Jaime Bateman Cayón, resultan retratados de manera magistral en sendas crónicas. Si bien García Márquez se muestra desconcertado ante algunas de sus actitudes personales, no es menos cierto que deja constancia expresa de su identificación con lo que representan.

"…estoy convenido que en el fondo de su corazón no le gusta el tratado. Piensa tal vez que es el mejor tratado posible en las condiciones actuales, que valió la pena pelearlo palmo a palmo, y que de todos modos es una conquista muy grande para el pueblo de Panamá. Pero él, como sin duda la mayoría de los panameños, quería todavía más y sabía que tenía derecho a quererlo".

Así expresa Gabo su percepción acerca del pensamiento real de Omar Torrijos con relación al tratado que sobre la devolución del canal consiguió que firmaran los norteamericanos. Una especie de fórmula realista en el camino hacia conquistas mayores. Quizás un ánimo semejante pesa en la dirigencia de las FARC que acuerda hoy fórmulas de paz con Santos en La Habana.

Pero aunque el tango repita que veinte años no es nada, es evidente que el periodo que comprende la recopilación es muy largo. Me atrevo a creer que a partir de la crónica que García Márquez dedica a su entrevista con el papa Juan Pablo II, un lector sagaz alcanza a percibir el viraje de su visión del mundo y de los fenómenos políticos.

Cabe preguntarse hasta qué punto el desencanto posterior de García Márquez resta algún valor a sus trabajos de la época de Alternativa. La feroz arremetida desatada contra él tras la noticia de su muerte parece responderlo por sí solo. Como se ve, ni siquiera dentro de los sectores a los que mostró sus simpatías están dispuestos a reivindicar sus posiciones ideológicas finales.

La derecha pro norteamericana, que en gran medida ha logrado colonizar la mente de millones de colombianos, involucrándolos en la estéril pugna entre sectores más o menos radicales de su único credo, podrá calificar de nostalgias trasnochadas las crónicas incluidas en el libro comentado. Pero por alguna razón se editan, leen y difunden con tanto entusiasmo.

Porque producen mucho dinero a alguien puede ser una de ellas. Tal vez piensen que lecturas así resultan tan inocuas como los relatos de la rebeldía indígena o negra contra el colonialismo español en América. Algo pasado y olvidado que se trae a la memoria de vez en cuando y nada más. Pero quién sabe, las ideas justas nunca mueren, siempre renacen y vuelven a la lucha.

Montañas de Colombia, 26 de noviembre de 2015

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