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viernes, 25 de diciembre de 2015

Conocer un campamento guerrillero

 Por: Milena Reyes, Integrante de la Delegación de paz de las FARC-EP.
@FARC_MilenaR 

Como mujeres combatientes, como guerrilleras farianas, al igual que muchas colombianas, hemos soportado  en la piel y en el alma el flagelo de una guerra que lleva medio siglo endureciendo los corazones de 5 generaciones de jóvenes muchachas y muchachos que nos hemos visto enfrentados a sobrellevar una guerra no deseada.

Nosotras y nosotros  por el solo hecho de llevar acabo el sueño del padre de la patria Simón Bolívar, hemos estado destinados a soportar en los hombros el peso de la desgracia de nuestro país, que durante siglos ha sufrido el terror y el luto.

Por lo anterior, no es fácil ver que tu vida, tus sueños, tu lucha y sobre todo tu dignidad de mujer combatiente y revolucionaria termina siendo objeto de una distorsión para venderla como supuesto arte. Me refiero a la película "Alías María" dirigida por José Luis Rúgeles y escrita por Diego Vivanco; cuya historia trata de un tema que ha dado mucho de qué hablar durante años, como es el aborto; pretendiendo a la vez mostrar los guerrilleros como personas inhumanas y despiadadas y las guerrilleras como mujeres sumisas y débiles.

Al ver la película lo primero que salta a la vista es que el autor y el director desconocen por completo la realidad de las mujeres que integramos la guerrilla real, por lo que se sumergen en las mentiras fáciles de la propaganda contrainsurgente.

Ignoran estos señores, que todas nosotras provenimos de la sociedad colombiana y  antes de dar el paso y asumir la lucha guerrillera; hemos vivido y sabemos perfectamente a qué se enfrenta la mujer en una sociedad como la colombiana; donde ni siquiera se le ha reconocido plenamente a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, para no hablar de las múltiples expresiones de discriminación que seguimos padeciendo y contra las cuales, precisamente, luchamos guerrilleros y guerrilleras, junto a otros sectores sociales y fuerzas políticas progresistas de nuestro país.

Por supuesto que la planificación en la organización es obligatoria, pero hay que tener en cuenta que el ingreso a las FARC-EP es voluntario, por lo cual, los hombres y mujeres que decidimos ingresar a sus filas, asumimos conscientemente esa decisión de planificación no como una imposición sino como una necesidad para poder cumplir nuestro rol de profesionales revolucionarios por la liberación de nuestra patria. La planificación, en las filas guerrilleras, es una obligación autoimpuesta que se deriva del elevado compromiso político que hemos asumido. Compromiso del que nos sentimos orgullosos y orgullosas.  

La planificación familiar es un derecho de hombres y mujeres, una conquista de la humanidad; por lo cual no se puede pretender manipular y distorsionar la realidad para tratar de presentar a la insurgencia como violadora de los derechos de las mujeres, argumentando el uso de planificación a la fuerza y el abuso sexual.  

Al igual, podemos decir que no es nada fácil la vida en el monte, nadie debería estar destinado a tener que vivir en condiciones como vivimos los hombres y mujeres que decidimos emprender una lucha que ha durado más de 50 años. Pero esa dura realidad, no nos ha hecho olvidar de los sentimientos humanos, sabemos lo que es llorar, compartir momentos alegres y difíciles, combatir y luchar con pasión por un ideal. Sabemos levantarnos a reclamar cuando nos toca, cuando nos sentimos agredidas; no de otra manera puede explicarse que seamos cerca del 40% de las filas de las FARC-EP, lo que no sería posible si fuera realidad lo que se muestra en la película que referimos.

Más que rabia, da tristeza ver el papel de los actores de la película; sus  rostros, ademanes y vocabulario no pueden ser más distintos de lo que es realmente la vida interna de un ejército revolucionario como las FARC-EP, cuya estatura política y moral ha sido corroborada tanto en combate como en los sucesivos escenarios donde hemos estado presentes buscando la solución política del conflicto.

A José Luis Rúgeles, a Diego Vivanco, a Karen Torres, a Anderson Gómez, a Erik Ruiz a Carlos Clavijo, a Fabio Velazco, a Lola Lagos, a Julio Pachón, y Carmenza Gonzáles les digo que me gustaría que conocieran un campamento guerrillero, que conocieran los guerrilleros de verdad, a esas muchachas y muchachos que todos los días se levantan dispuestos a entregar su vida por un país mejor, soberano, democrático y sin tantas desigualdades sociales.

Con toda seguridad, luego de esa visita no dudarían en reelaborar el guión de la película.

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