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jueves, 3 de diciembre de 2015

La clepsidra de la paz empieza en El Orejón.

 Por Pastor Alape, Integrante del Secretariado del Estado Mayor Central FARC-EP.

En twitter @PastorA_FARC

El encuentro con la comunidad de El Orejón, en el municipio de Briceño, departamento de Antioquia, para evaluar el desarrollo del plan piloto de descontaminación de explosivos del territorio, nos indica que el reloj del futuro anuncia cercano el tiempo de la paz.

Por primera vez en un territorio que refleja toda la conflictividad económica, política, social, ambiental y cultural de Colombia, y sin finalizar el conflicto, y más aún, sin haberse establecido el cese al fuego bilateral y definitivo, pero con la decisión de seguir hilando los amarres para la paz, delegaciones de varias entidades del gobierno nacional, departamental y municipal, de las FARC-EP, de la Ayuda Popular Noruega APN reconocida operadora de acción contra las minas en el mundo, nos encontramos con los campesinos de las veredas Orejón, Chirí, Pueblo Nuevo y la Calera. También hicieron presencia los países garantes Cuba y Noruega.

Se evaluó los primeros resultados arrojados por las actividades de descontaminación del territorio de Minas Anti persona(MAP), Arte factos Explosivos Improvisados

(AEI), Municiones Sin Explotar (MUSE) y Resto s Explosivos de Guerra en General

(REG), ejecutadas por APN, en este caso como coordinador neutral del proyecto, el Batallón de Desminado Humanitario del Ejército BID ES y representantes de las FARCEP. También participa en actividades de coordinación institucional del proyecto piloto la Dirección de Acción Integral Contra Minas Anti persona DAICMA, y el ministerio de relaciones exteriores que está comprometido en la ejecución de proyectos para el desarrollo comunitario.

El balance permitió recoger las iniciativas de la comunidad, sus visiones para superar el violento efecto de las desigualdades sociales debido a la ausencia de políticas de fortalecimiento y desarrollo social del Estado en las regiones. En este importante ejercicio, realizado sin el ruido de la guerra, se pudo hacer una lectura aproximada de lo que será la participación activa de las comunidades en la toma de decisiones para proyectar su propio futuro.

Esta actividad es parte del mandato de la Mesa de Conversaciones para la Paz de Colombia que funciona en La Habana Cuba, en el marco de las medidas de confianza y las acciones para el desescalamiento del conflicto.

El primer Plan Piloto de desminado humanitario en el Orejón, que entra en receso a mitad de diciembre para reiniciar en la primera semana de enero, ha fortalecido la confianza entre las partes y señalado la importancia de vincular a sectores deprimidos de la nación para que expongan sus necesidades y visiones de paz, reconciliación y búsqueda de la prosperidad en forma amplia, sin temor a la estigmatización o persecución por sus opiniones, para poder construir en forma incluyente el nuevo país que sueñan las mayorías.

Escuchando las razones y propuestas, por momentos apasionadas, del campesinado y sus representantes, constatamos que la superación del conflicto exige políticas de desarrollo social integral de alcance nacional teniendo en cuenta las particularidades de cada región. Pero también referencia el desafío que tiene la Mesa de Conversaciones de paz en La Habana, para convertir este plan piloto en un espacio integral para las primeras acciones en la implementación de los acuerdos alcanzados hasta el momento y avanzar en la construcción de los escenarios de paz que se habilitarán en el post acuerdo.

En los tres días de ejercicio entre campesinos, militares, representantes del gobierno, periodistas, guerrilleros, invitados de la comunidad internacional y demás participantes, percibimos lo que será un país sin el acoso de la guerra y en marcha hacia la paz y la reconciliación bajo garantías de no repetición.

Al culminar la reunión y a medida que nos retirábamos de la región y la distancia crecía, las montañas y laderas de la topografía antioqueña se miraban más pequeñas, en esos momentos percibí al Orejón como una clepsidra de paz donde el tiempo fluye con el esfuerzo de sus habitantes aferrados a sus sueños de paz, seguros en mantener los esfuerzos para hacerla más cercana y alcanzable, para que jamás se vuelva a repetir la desesperanza que engendra la guerra.

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