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jueves, 7 de enero de 2016

Las ciudades en debate

–Primera Parte -
Jairo Buenaventura - Militante del PCCC

La ciudad sigue sorprendiéndonos en el día a día al común de la gente que la habitamos, así como a aquellos que se ven amenazados en su desarrollo, en su proceso de incontenible modernización. Este proceso de urbanización que se muestra indescifrable e impredecible es aún uno de los grandes problemas que debe resolver el campo de las fuerzas revolucionarias y el movimiento social colombiano. 

Es sabido que la construcción histórica que ha hecho mella en tendencias del pensamiento marxista en torno a la ciudad ha oscilado en gran parte entre el desinterés y el rechazo al fenómeno urbano, y aún sigue siendo marginal el debate de ciudad en las discusiones estratégicas y de la gran política de vastos sectores de la izquierda, a pesar de los esfuerzos llevados a cabo en los últimos años para su posicionamiento en los análisis y toma de decisiones.

La tradición de pensamiento crítico latinoamericano ha centrado sus esperanzas en espacios no urbanos. El habitante urbano, sometido a tensiones y procesos de alienación profunda por parte del sistema capitalista, resulta complejo de acercar a las dinámicas transformadoras y organizativas en la perspectiva revolucionaria y se encuentra atrapado en luchas y reivindicaciones particulares que pierden de vista el panorama general. En este contexto los espacios agrarios y étnicos se ofrecen como el lugar central de las luchas y esperanzas, las resistencias y la organización histórica por la construcción de un mundo no capitalista.

En un análisis crítico de la configuración de las fuerzas y reivindicaciones sociales por parte de sectores urbanos, se pueden ubicar dos grandes problemas que dificultan el abordaje de la cuestión urbana por parte de éstos en el contexto particular colombiano. El primer problema se encuentra asociado a una comprensión de escalas. De esto es consiente el geógrafo marxista David Harvey en su análisis del problema de la organización en los movimientos sociales urbanos, cuando expresa la paradoja existente entre las reivindicación y formas organizativas que son funcionales y son aplicables y coherentes en la escala barrial, pero que resultan inoperantes en escalas urbanas, metropolitanas y nacionales.

El segundo problema está asociado a la complejidad social de las masas urbanas, en donde la composición clasista y división del trabajo que estructura y soporta la organización del sistema socio-económico imperante, se enfrenta a las identidades e intereses interclasistas que añaden un plus de complejidad que debe ser tenido en cuenta en los procesos organizativos y revolucionarios. En este contexto, no todo el movimiento social urbano puede catalogarse como movimiento progresista y transformador, sino que nos enfrentamos a movimientos urbanos que usando el discurso construido históricamente por los procesos revolucionarios, pueden resultar reaccionarios y conservadores, contrarios a los intereses de la clase trabajadora y los sectores subalternos.

Pero si bien la construcción de un discurso y un proyecto urbano por parte de los agentes revolucionarios en el país es aún una tarea en la que debemos avanzar, desde las élites esta identificación y construcción de un proyecto urbano dominante no es algo que se haya construido como parte de su tradición histórica. Para éstas, la ciudad y su composición de clase incluso se han configurado en momentos particulares de la historia como una amenaza a su proyecto elitista. La ciudad fue abandonada a su suerte hasta finales del siglo XX, cuando un sector de las élites políticas colombianas, representadas en particular por las figuras de Enrique Peñalosa en Bogotá o más recientemente Sergio Fajardo en Medellín, comprendió el potencial de la ciudad en los procesos de reproducción y acumulación de capital en el país.

En este sentido, existe un cambio por parte de los sectores capitalistas en la comprensión de las distintas escalas urbanas, entendiendo el problema más allá de lo local y pasando a niveles regionales y nacionales. Estas elaboraciones se pueden encontrar en el reciente Plan Nacional de Desarrollo Todos Por Un Nuevo País, formulado por la administración Santos, que identifica, analiza y expone el rol del Sistema de Ciudades dentro de la una estrategia política y económica global. A este punto se ha llegado después de décadas de rechazo por parte de las élites por la construcción de una política nacional urbana, debate que inicio el economista liberal Lauchlin Currie con relativo poco éxito pero que ha logrado finalmente su posicionamiento a partir de la política nacional Ciudades Amables incorporada en el Plan Nacional de Desarrollo del primer periodo de Santos. 

Aun así, el debate de ciudad por parte de las élites se encuentra atrapado por las concepciones más arraigadas históricamente que reducen el problema urbano a la producción de viviendo en masa, ya sea por parte del Estado o por el sector privado, como forma de garantizar la reproducción social del trabajo y las estructuras políticas clientelares a partir del otorgamiento de subsidios y facilidades de acceso, de lo cual son una expresión plena los programas de las cien mil viviendas gratis o tu casa ya, del actual vicepresidente Germán Vargas Lleras.

La reflexión propuesta en este artículo está orientada a entender la ciudad en una dimensión amplia, como un espacio de disputa de intereses de clase que se ven atravesados por problemas de escalas, complejidad y diversidad social. No es la ciudad colombiana, desde esta perspectiva, el resultado directo de un proyecto elitista histórico, como muchas veces parece entenderse en los debates frente a la cuestión urbana al interior del movimiento social, incluso, podría asegurarse, la ciudad ha sido el refugio y abrigo de miles de desarraigados que han encontrado a su interior, y a pesar de las élites capitalistas, un espacio de vida.  

Existe si, una ventaja que han venido sacando las élites en la disputa ideológica por dar un significado a lo urbano, cuando un sector de estas han asumido y entendido el problema urbano en el marco de los procesos de producción y reproducción de capital y cuando los movimientos sociales han sido tímidos en hacer una apuesta directa por lo urbano en el país. El problema agrario y étnico, con gran arraigo en las luchas populares, filtra los debates urbanos y dificulta entender su complejidad y construir una plataforma de lucha que identifique y articule las masas en la ciudad. 

Es innegable la composición mayoritariamente urbana de la población colombiana y resulta complejo recurrir a las ideas des-urbanizadoras per-se, que ya fueron desarrolladas por el bloque soviético a principios de siglo XX, para dar solución a los problemas urbanos; dado que para los militantes del PCCC el marxismo es entre otras cosas, un método que permite comprender las complejidades y particularidades de nuestra realidad, para por esa vía avanzar en la acción política para una transformación emancipatoria de nuestra sociedad, en un próximo articulo esbozaremos unas líneas generales de las propuestas que para afrontar la problemática urbana se plantean desde el PCCC Y las FARC-EP al país


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