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viernes, 15 de enero de 2016

Un 2016 para la paz



UN 2016 PARA LA PAZ

Por: Antonia Simón Nariño, integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP.

Iniciando el 2016 la esperanza sobre el proceso de paz no deja de ser la prioridad de todos los colombianos. En La Habana daremos continuidad al dialogo con el gobierno postulando como siempre el bienestar y la justicia social para todos, como punto de partida para todo proyecto que pretenda desencadenar en la paz estable y duradera.

El panorama que se presenta en este comienzo de año para nuestro país es, por una parte, desafortunado, pero a la vez inspirador para renovar y multiplicar las luchas populares: un salario mínimo cada vez más mínimo, un IVA que no para de subir, ventas de componentes estratégicos del sector energético como ISAGEN, sorteo de la salud pública, muerte de civiles a manos del paramilitarismo, etc., son todos aspectos de nuestra realidad que nos evidencian la necesidad de cambiar el estado de cosas que en la actualidad rige nuestros destinos.

Todos anhelamos que este sea el año en que se dé salida al acuerdo de paz para iniciar la construcción de una nueva vida. Las víctimas de este conflicto -padres, madres, hermanos, hijos, amigos- añoramos estar juntos de nuevo, pero esto no podrá ser al costo de bajar nuestras banderas de lucha. Quiere decir esto que las reivindicaciones por las que históricamente hemos batallado seguirán siendo la preocupación fundamental de quienes nos hemos alzado en armas y que de darse un acuerdo definitivo, continuaríamos siendo luchadores sociales por un nuevo país.

Hay que apostarle sí, a exigir un desenlace coherente a este proceso con la participación de toda la sociedad, por tanto es pertinente la movilización social ante la inconsecuencia de políticas que van en detrimento de los sectores menos favorecidos, así como la exigencia popular al Estado para que asuma realmente toda la disposición y compromiso por la paz con justicia social.

Se abren entonces las puertas de un año que sin lugar a dudas será definitivo y marcará un hito en la historia de nuestro pueblo. Se medirá en estos doce meses la capacidad que tengamos como nación de hacer tránsito a un escenario político donde las contradicciones no deban tratarse a través de medios armados.

Será un año de profundo debate político, de movilización en las calles y de construcción de consensos para el bien común. El aporte de todos y cada uno de nuestros compatriotas, desde su lugar de trabajo o estudio, la vereda, el barrio o la universidad, será definitivo para que las mayorías impongan, al fin, la democracia y la soberanía. Las apuestas están sobre la mesa.

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