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martes, 16 de febrero de 2016

Infausto suceso



Por: Luis David Celis, guerrillero del Bloque Cdte. Jorge Briceño de las FARC-EP 

Después de dos horas de ardua marcha sin descanso, por fin el mando de la unidad ordeno un alto y descanso para preparar agua.  Serian aproximadamente las once del día y a pesar de que marchaban a campo traviesa por entre la espesa selva, la fatiga por el efecto del ardiente sol que abrazaba a esa hora se hacía manifiesta en la mayoría del personal; algunos combatientes llegaron con calambres en las piernas, otros sufrieron deshidratación y hasta hubo algunos con vomito. Después de mitigar la sed, Jon, comandante de la compañía móvil Gonzales Acosta, reunió sus tropas con el fin de informarles sobre la situación real del momento.

Hacia 15 días  ya que la unidad venía realizando hostigamientos permanentes contra tropas del batallón de combate terrestre 62, adscrito a la brigada móvil # 7, que bajo el mando del mayor Gómez había sido desembarcado en el sector de puerto cachicamo, margen derecha del rio guayabero. Durante este periodo, las tropas oficiales habían sufrido varias bajas, mientras que los insurgentes solo habían perdido a uno de sus camaradas, que producto de un exceso de confianza, cuando con 5 combatientes más después de haber concluido con éxito una misión de hostigamiento, decidieron sostener combate en campo abierto con una compañía rival que realizaba una maniobra envolvente. El volumen de fuego empleado por los mercenarios fue verdaderamente abrumador y los 5 combatientes respondieron con igual intensidad lo que hizo que en poco tiempo se le agotaran las municiones a estos últimos, quienes viéndose en esa situación, tuvieron que emprender la retirada, empero era ya demasiado tarde dado que la tropa enemiga por su superioridad numérica les había ganado mucho terreno y en el momento que estos dejaron de sentir sobre sus cabezas zumbar las balas de la fusilería guerrillera, se abalanzaron sobre ellos.  A Robert le quedaban 5 cartuchos y viendo que un grupo de soldados se le acercaba considerablemente acciono su arma contra estos, dando de baja a dos mercenarios, empero una bala disparada por un francotirador le destrozo el cráneo causándole instantáneamente la muerte.   

Este constante accionar guerrillero hizo que el mando castrense decidiera abandonar el área poblada y se internara en la selva. Ahora les correspondía a los integrantes de la Gonzales dar con ellos y entrar nuevamente en combate con el fin de no darles tiempo a que se repusieran ni física ni psicológicamente. Esa era la razón que había impulsado a Jon a exigir el máximo de sus tropas durante el desplazamiento, como quiera que se trataba de tomar cuanto antes, nuevas posiciones sobre el terreno. 

Román había estado escuchando atentamente las orientaciones de su jefe, ansioso de que por fin fuese tenido en cuenta para una misión de combate, toda vez que durante las dos semanas de enfrentamientos, su misión había consistido en quedarse en el campamento cuidando los equipos de campaña y preparando los alimentos para el personal comprometido en la operación de asedio al enemigo. A pesar de que el mando lo había excluido durante aquel periodo de toda misión táctica que implicase acercarse al enemigo, no se sentía para nada discriminado, pues era consciente de que su falta de experiencia en esas lides era un factor que jugaba en su contra  a la hora de los mandos requerir personal experimentado; no obstante, ese día sentía que existían probabilidades de ser llamado a integrar una de las unidades tácticas de combate que saldrían en busca del enemigo, tal vez porque la mayoría del personal  no estaba en condiciones físicas de ir a la batalla o porque quizá por no conocerse la posición exacta de esa tropa, no se esperaba entrar en combate ese mismo día y por ende, el mando llegaría a considerar eminentemente necesario enviar a los más fogueados en ese tipo de misiones y se decidiera por mandar a otros, que realizaran una exploración alrededor de la posición que habían tomado.

Aunque Román nunca perdía el tiempo cuando se quedaba en el campamento, pues una vez entregaba su turno de guardia o en el casino, se dedicaba a la lectura, pasión que lo acompañaba desde joven, ese día le asaltaron tremendos deseos de ir al combate, cosa que ni el mismo se explicaba con claridad el porqué; pensaba que podría ser porque el tema principal en esos días durante las tertulias de los guerrilleros, era precisamente  las vicisitudes del combate; unos a otros se relataban las peripecias sufridas durante los hostigamientos, que tal patrulla era más peligrosa que tal otra;  que una era más cobarde; que aquella estaba integrada por puros veteranos; que tal otra por puros jóvenes; que el mayor solía dirigir a sus tropas desde una casa habitada por civiles; que estuvieron a punto de caer en una emboscada; en fin, y a Román no le quedaba más remedio que escucharlos y admirar sus hazañas  sin siquiera atreverse a participar a menos que fuese para interrogar sobre algún evento en especial que le hubiese llamado poderosamente la atención o para preguntarles si habían llegado a temer por sus vidas en algún momento determinado de la batalla; ¿porqué, de que más les podía hablar él en esos momentos? tal vez que mientras ellos estaban dándose de balazos con el enemigo, él se había leído 100 o 200 páginas del maravilloso libro titulado "Así se terminan las guerras" del mariscal soviético que dirigió  el  último asalto  al palacio del tercer Reich en Berlín y  que puso fin a la sangrienta segunda guerra mundial, o que mientras ellos se acercaban sigilosamente al adversario, tomando todas las medidas para no ser descubiertos por este, él se dirigía al casino a prepararles los alimentos, esperando concluir rápido su labor para luego ir a nadar un buen rato en las cálidas aguas de la quebrada que bordeaba el campamento y terminar su jornada diaria acostado en su hamaca, deleitándose con los clásicos de la literatura que portaba en su equipaje. No, Román ese día sentía deseos de contar sus propias hazañas, ser protagonistas de sus propias historias, pues para que contarles a sus camaradas hazañas de don quijote de la mancha, aquel gran caballero hidalgo que montando su rocinante se veía periódicamente librando "fieras y desiguales batallas", siempre inspirado en su bella e imaginada Dulcinea del toboso; o para que referirles del valor observado por Omar Cabezas durante algunas escaramuzas de combate entre las guerrillas sandinistas y la guardia nacional leal a Somoza allá en Nicaragua, relatadas en el libro escrito por el propio Omar titulado "La montaña es más que una inmensa estepa verde", cuando ellos en persona debían armarse de tal valor, que les permitiese enfrentarse con decisión a las tropas comandadas por el mayor Sergio Gomes, las cuales eran apoyadas con helicópteros artillados y piezas de  artillería de grueso calibre, además que los superaban en número en proporción de cinco a uno; ¡esas si eran realmente fieras y desiguales batallas!, nada comparable con las que libraba don quijote contra los molinos de viento que él creía ejércitos enemigos.

Cuando Jon le pregunto a Román  si se sentía en  condiciones de salir a explorar el área  donde posiblemente se hallaba ubicado el enemigo, inmediatamente el respondió que sí, que estaba en perfectas condiciones tanto físicas como mentales, y en menos de 20 minutos partió a la misión junto a 5 combatientes más, todos  ellos medianamente fogueados en esos temas. Román tomo la vanguardia de la UTC y con brújula en mano se fue abriendo paso por entre la vegetación. La idea suya no era otra que la de demostrar que a pesar de no tener experiencia suficiente  en el combate, pues de hecho era su primer misión de hostigamiento, aunque si había ya participado en un combate contra paramilitares en el Meta, pero esa vez iba acompañado de unos 600 guerrilleros y en medio de tanto fuerza cualquiera es valiente, podían contar con él en la primera línea de fuego, que vieran en él a ese alguien capaz, con la misma  facilidad con que tomaba un libro para leer, toma un igualmente su fusil para liarse a tiros con su enemigo. Empero, sucedió que no habiendo caminado más de un kilómetro, se hallaron frente a un trillo por donde habían pasado algunos 50 efectivos, conclusión a la que llegaron por la anchura de dicho trillo que delataba a la vez, que quienes habían transitado por allí lo habían hecho ese mismo día, lo fresco de las huellas así lo demostraba. 

Román, más por instinto de preservación de la vida  que por cobardía, abandonó la vanguardia, simulando tener que satisfacer una necesidad fisiológica; los demás combatientes comprendieron la intensión de Román y decidieron esperarlo y reservarle el cuarto puesto en la marcha. La vanguardia fue  asumida por Gerson jefe de la UTC, seguido por José y Jorge, dos guerrilleros bastante jóvenes pero lo suficientemente audaces como para saber manejar una situación apremiante, de cuarto marchaba Román tratando de justificarse a sí mismo la actitud tomada minutos antes, pues en su fuero interno no juzgaba como un vil acto de cobardía el haber abandonado la vanguardia, pues el carecía de experiencia en maniobras de aproximación a objetivos armados y era probable que por no conocer a fondo las artimañas empleadas por el enemigo durante sus desplazamientos permitiera que la UTC  cayese en una emboscada o penetrara sin darse cuenta al mismo campamento; detrás de Román marchaba Ángela, una joven valiente y decidida y por ultimo marchaba Arnulfo el más veterano del grupo. Todos avanzaban expectantes, listos para reaccionar ante cualquier eventualidad. De repente descubrieron sobre el camino, que las huellas ya no seguían una misma dirección sino que, hasta donde ellos se hallaban en ese momento, una parte de la tropa había regresado, quizá había sido una exploración, pensó Gerson,  pues al  examinar a ambas márgenes del trillo no hallaron indicio alguno de que hubiesen estado emboscados.

A esa altura del trillo y ante esa novedad Gerson ordeno abandonar el camino hecho sobre la marcha por las tropas contrainsurgentes y tratar de avanzar paralelo al mismo, distante unos 100 metros para burlar posibles emboscadas. Sucedió entonces, que tan solo a unos 80 metros del trillo salieron a una vieja y abandonada carretera que en sentido norte sur se adentraba en aquellas inmensas selvas y que otrora, fuese la principal vía de abastecimientos de las columnas guerrilleras que tenían sus campamentos en esa área durante los diálogos de paz entre las FARC-EP y  el gobierno de Andrés Pastrana, diálogos que para infortunio de los colombianos se fueron al traste por la intransigencia de las elites económicamente acomodadas,  cuya misión principal había sido garantizar la seguridad de los lideres insurgentes que integraban los distintos equipos de trabajo en la mesa de conversaciones; ya en la carretera se enfrentaron al mismo fenómeno: huellas de botas mini jungla en ambas direcciones.
Al observar hacia la parte sur de la vía, Román diviso a unos 200 metros de su posición una pequeña elevación del terreno y enseguida, sin meditar mucho, se aventuró a decirles a sus camaradas que junto con él habían salido ya a la carretera, pues Arnulfo y Ángela se habían rezagado un poco y aún no los alcanzaban a ver, que sin duda en esa loma debía haber un puesto avanzado de combate del enemigo. Entonces Jorge quiso comprobar lo expuesto por  Román y camino sigilosamente en esa dirección llevando su fusil en guardia, pero tan solo había avanzado un par de metros, cuando de súbito levanto el arma apuntando en dirección a donde habían acabado de salir y con un tono fuerte y seguro grito: "quien ésta ahí, identifíquese o disparo". Román considerando que Jorge le apuntaba a los dos camaradas que venían atrás suyo,  producto quizá de una confusión, le grito que bajara el arma expresándole tales razones. Inmediatamente Jorge actuó  en consecuencia y se disponía ya a reanudar su avance hacia la loma que tenía al frente cuando una corta ráfaga de fusil proveniente de la retaguardia lo hizo tender sobre la vía. Román, creyendo aún que a quienes les había apuntado Jorge había sido a Ángela y a Arnulfo, dedujo que producto de la misma confusión, estos habían respondido con fuego ante tal amenaza, creyendo a Jorge un mercenario, por esta razón le grito a Arnulfo que no siguieran disparando.

Una voz salida de lo alto de la loma los hizo caer en la cuenta que estaban dentro del perímetro mismo controlado por el enemigo. "centinela que fueron esos disparos" gritaba un suboficial mientras una sección tomaba puesto a lo largo de la vía. Ante este evento los cuatro guerrilleros que se hallaban sobre la carretera, saltaron velozmente hacia la orilla opuesta a donde habían salido y se atrincheraron a la espera de los dos combatientes que aún no los habían alcanzado.  Al instante apareció Ángela quien, gracias a los matorrales que habían crecido sobre la carretera, pudo pasar sin ser observada por el suboficial que continuaba descendiendo por la mencionada vía preguntando al centinela, sin obtener respuesta alguna, el origen de los disparos. Ángela al igual que sus cuatro camaradas ignoraba lo que realmente había sucedido.
Detrás de los 5 combatientes había un terreno semídestapado de unos 20.000 metros cuadrados, donde años atrás había existido un cultiva de caña de azúcar y después de este continuaba la selva virgen, así que Gerson ordeno a Ángela y a José atravesar la vieja cañera y esperarlos en el borde de la vorágine, mientras ellos aguardaban allí a que apareciera Arnulfo, quien a esas seguía sin dar señales de vida. 

Román siguió pendiente del movimiento de las tropas en la fileta y especialmente del lento avance del suboficial en dirección suya, listo con su arma a dispararle en cuanto se pusiera a una distancia propicia, para luego de darlo de baja ir tras su arma de dotación, arma que tomaría como su trofeo de guerra. En miras tan realizables se hallaba cuando escucho del otro lado de la carretera que alguien emprendía carrera  en dirección al trillo que habían abandonado minutos antes y pensó que se trataba de Arnulfo, quien, probablemente después de haber disparado su arma  contra Jorge y de haberle escuchado decir a él, que no disparara pues se trataba de una confusión, había temido haberle matado y por ende había preferido regresarse.  Como el suboficial seguía avanzando, Román le comento de su in tención a Gerson esperanzado en que este le daría la autorización para actuar; empero, contrario a lo que esperaba, Gerson le prohibió disparar, dado que no sabían a ciencia cierta en qué  condiciones se encontraban frente al enemigo y a pesar de que Román se esforzó por convencer a su jefe de no perder la oportunidad que se les presentaba para recuperar un arma Gerson  no accedió.             

 Román solo pensaba en recuperar el fusil, quitárselo al mercenario después de haberle abatido con su arma. Ya se imaginaba él, la cara que pondrían sus camaradas en el campamento, cuando lo vieran llegar de su primera misión de combate llevando en sus manos un arma arrebatada al enemigo por él mismo, y ellos que a diario habían vivido situaciones semejantes no habían recuperado siquiera un cartucho. Lo irían  a admirar por esa hazaña,  pensaba Román, sin siquiera llegar a analizar que si habían dado con la avanzada enemiga, lo más posible era que el grueso del personal estuviese acampado por allí cerca y que producto de los disparos estuviesen maniobrando ya, y así las cosas otro disparo allí les complicaría aún más la situación. 

De pronto el suboficial hizo un alto en su avance y justo de la parte norte de la posición de los tres combatientes, a tan solo unos 50 metros se dejó oír una voz fuerte que indagaba la causa de los disparos. <<para solicitarle mi mayor, no lo sé aún>> fue la respuesta que el mayor Gomes recibió del suboficial que estaba parado a unos 20 metros de donde se hallaba Román apuntándole con su arma. Estupefactos los tres guerrilleros se volearon a ver entre sí, al comprobar que efectivamente se hallaban rodeados por el enemigo, entonces sigilosamente se fueron retirando por entre los matorrales abandonando la espera  que hacían de Arnulfo. Cuando llegaron a donde se hallaban los otros dos combatientes los cinco se pusieron de acuerdo y a una señal de Gerson, accionaron sus armas contra el contingente de tropas encabezada por Gomes.
La tropa atacada tomo puesto de combate sobre la carretera más no respondió a la agresión. Esto llevo a deducir  a Gerson, que por entre la mata se estaba llevando a cabo una maniobra con la que el enemigo pretendía neutralizarles su intención de replegarse hacia la profundidad de la selva, así que ordeno disparar sobre los flancos laterales. Este nuevo ataque insurgente instantáneamente recibió respuesta de los comprometidos en la maniobra, que al sentirse descubiertos avanzaron poniendo en práctica la táctica de fuego y movimiento compacto.  Los atacantes no pudieron hacer cosa distinta que abandonar el área toda vez que por todos lados les sonaba bala y a una distancia considerablemente corta.   

Ya de regreso al campamento, Román iba orgulloso de sí mismo, del valor que había demostrado en el momento más álgido del enfrentamiento armado. <<Ahora si tengo mi propia historia para contar… por fin se van a dar cuenta de que no soy ningún cobarde>>, pensaba. En eso se le acerco Gerson y le pregunto la razón de su silencio. << Simplemente reflexionaba sobre lo sucedido allí y me preocupa que Arnulfo pueda caer en manos del enemigo>> respondió Román; << Arnulfo está muerto, esos  disparos fueron  hechos  por el centinela de los manes >> le esputo Gerson en tono seguro.  Empero Román insistió <<no camarada Gerson, Arnulfo no está  muerto pues yo lo escuche cuando retrocedió, además esos tiros fueron de AK 47 hermano, es más, hasta alcance a ver como las balas impactaron en la carretera, arriba de la loma donde estaba la avanzada enemiga>>;   << bueno esa es su posición, yo pienso otra cosa>> respondió  Gerson  y enseguida ataco a Román con un aire de superioridad y triunfalismo << si ve huevo que ya nos estaban rodeando y usted con ganas de matar a ese mano para quitarle el fusil. Nos hubieran matado a todos>>; <<tiene usted razón, camarada Gerson>> acertó a decir humildemente Román, sintiéndose en ese momento un idiota, al comprender que sus ímpetus de gloria personal casi que conducen a la UTC a una muerte segura, no obstante se justificó considerando este acto como un simple error de principiante. 

Al presentarse ante Jon, para dar parte de la misión cumplida, surgió nuevamente la discusión  sobre la suerte corrida por Arnulfo. 4 de los 5 participantes en los hechos opinaban que los disparos provenían del sector ocupado por el ejército y por lo tanto si Arnulfo no había salido, obedecía a que había muerto en el acto.   A esta opinión se le sumaba el relato de Jorge, quien, insistía  en que él había visto un tipo de uniforme pudelado y casco a la cabeza escondiéndose detrás de un árbol grueso y que él había estado a punto de dispararle pero al ser alertado por Román de que faltaban aun dos camaradas por salir había desistido de su propósito pensando que se podría tratar de uno de ellos, pero ahora estaba seguro que se trataba de un soldado, el cual seguramente se hallaba de guardia y al verlos pasar tan cerca de su posición se había acobardado y no les había disparado. John se inclinó por esta teoría, la cual hallo más verosímil  No obstante y a pesar de no tener nada a su favor, Román siguió insistiendo en que él había escuchado cuando Arnulfo retrocedió  unos quince metros  de donde se originaron los disparos y que si el uniformado que diviso Jorge, era el guardia enemigo, contra este, posiblemente  había disparado Arnulfo. Además agrego, que si el guardia no había disparado contra ellos a pesar de tenerlos a menos de 2 metros de distancia, probablemente no hubiese sido porque  se hubiera tragado el fusil sin que les había permitido continuar su avance para que cayeran  en el área controlada por estos y una vez allí, acribillarlos como a perdices acorraladas. Al final y tras haberse impuesto la opinión de la mayoría, Román se retiró para la caleta que le habían acondicionado  sus camaradas convencido de que él tenía la razón, y que por no ser considerado un experto en el combate, menos aún un estratega militar su opinión no había tenido ningún peso, pero todo cambiaria cuando apareciera Arnulfo y este ratificara su versión.

Esa noche en cuanto Román se metió bajo sus cobijas quedo rápidamente dormido, producto del cansancio que le dejo la jornada tan tenaz que había desarrollado. Muy de madrugada, presto ya a despuntar el alba, fue notificado de que debía salir en una nueva misión de localización del enemigo. Ante esta noticia, Román no dejo de sentirse complacido, toda vez que esto significaba que el día antes  había hecho bien su trabajo y ahora el mando le correspondía dándole una nueva oportunidad. Pero fue más su alegría cuando se enteró de que Gerson comandaría nuevamente la UTC dado que había aprendido a confiar en él por el valor y la serenidad observada en la misión anterior, y es sabido que en la guerra, cuando un mando conduce sus tropas a la batalla y las saca victoriosas, todos quieren participar con este en hazañas tan laudables.
A unos 15 ms  de la posición de esta compañía, una UTC de otra unidad guerrillera se preparaba para realizar un registro  rutinario de control de área, pues pese a que no había presencia enemiga en su jurisdicción, si debían permanecer a la expectativa por si las tropas oficiales castigadas diariamente por el accionar de la  Gonzales, decidiera, en su afán de librarse del asedio guerrillero, adentrarse al  área de esta unidad.

A eso de las 05 30 de la madrugada, desde dos puntos geográficos distintos empero, relativamente cerca, dos UTC partieron a sus misiones sin imaginarse  lo que les esperaría. La UTC comandada por Gerson partió hacia el objetivo  tomando una ruta paralela al trillo que habían hallado el día anterior con miras a salir exactamente por detrás de la avanzada enemiga; en tanto que Carlos, jefe de la UTC enviada por la otra compañía, conocedor de la presencia enemiga en el área vecina convenció  a sus tropas, de abandonar la misión dada por el comando  de su unidad y traspasar el límite del área asignada para entablar contacto armado con ese enemigo, pues según él, resultaba bochornoso el tener que recorrer aquella selva sabiendo que al final de la tarde volverían al campamento con el mismo parte de todos los días, <<sin novedad en el área>> mientras que sus camaradas de la Gonzales tenían si, objetivo militar en su jurisdicción; y sin importarle que ni siquiera conocía la posición exacta del enemigo, ni que su invasión indebida a dicha área no era conocida por los guerrilleros encargados de no dejar tranquilas a las tropas de la burguesía que hiciesen presencia por allí, se aventuró a tan  fatídica empresa.

Cuando iniciaron su ascenso hacia las posiciones del puesto avanzado de combate del enemigo, Gerson descubrió de súbito a unos cuantos metros delante de él a un uniformado, mimetizado entre la maleza a unos tres metros de la carretera e inmediatamente abrió fuego contra este. Los demás guerrilleros hicieron lo mismo recibiendo respuesta inmediata de los atacados. La balacera no duro más de 5 minutos pero fue suficiente para dejar como resultado, un herido dentro de las tropas de Gerson, pues una bala había alcanzado el brazo izquierdo de Huber, quien avanzaba al lado de Román. Ante esta novedad, Gerson prefirió ordenar la retirada antes que esperar a tener más bajas, puesto que se hacía evidente   la puntería con que estaban apuntando quienes tenían al frente. 

Esa tarde en el campamento de Jon la discusión giro en torno a tres puntos muy puntuales; en primer lugar, resultaba muy extraño que el enemigo mantuviese aferrado a la misma posición, aún después de haber sido atacado allí; en segundo lugar, el volumen de fuego empleado por la tropa agredida no había sido contundente como si lo había sido en los anteriores encuentros, esta vez a lo sumo habrían disparado 4 o 5 efectivos y contrario a lo acostumbrado por estos no habían formado esa gritería que suelen hacer cuando están maniobrando; y por último, esa tropa no era reconocida por su efectividad en el disparo y esta vez fueron muy precisos, tanto que en solo cuatro minutos, habían causado un herido y por poco un muerto, como quiera que, una bala le había pasado a menos de dos centímetros de la cabeza de Román.

Mientras esto sucedía en la Gonzales, en la Rondón, la compañía móvil a la cual pertenecía la UTC comandada por Carlos, tenía lugar una reunión de todo el cuerpo de mandos, para determinar el dispositivo de seguridad debían tomar, ante lo acaecido ese día. Para el mando, el hecho de que la UTC sostenido combate armado, indicaba claramente que el enemigo había penetrado al área bajo su responsabilidad y en este orden era dable concluir que había que combatirlo con toda la decisión del caso. En cuanto a Carlos, a quien sus camaradas no volvieron a ver después del combate, el mando basándose en la información que le había suministrado los integrantes de dicha UTC, considero que tarde o temprano reaparecería, toda vez  que,  todo le indicaba que no había muerto, solo se había disgregado.

Jon, tomo la decisión  de salir esa noche con toda la compañía a emboscarse sobre la carretera, a la espera de un posible movimiento del enemigo en procura de abandonar la posición  donde había sido atacado en dos ocasiones consecutivas. Al llegar al punto, Jon,  extendió sus tropas paralelamente a la vía, asignándole a cada uno de los combatientes el flanco de cubrimiento e instruyéndoles en cómo actuar en cuanto apareciera la tropa oficial;  empero, llego el nuevo día sin que hubiese transitado por allí enemigo alguno. Ante esta nueva situación, Jon ordenó  el despliegue de tres UTC a los alrededores de la zona y una más en dirección al mismo campamento enemigo para descubrir lo que sucedía, pues todo indicaba que, ya el mayor Gomes y sus hombres habían abandonado la posición y había que hallar la ruta de repliegue de estos y seguirles sus pasos.

Como Román había demostrado suficiente gallardía en las dos situaciones anteriores, fue designado como jefe de la UTC que debía verificar el campamento. Así que llenándose él de valor, para trasmitirles confianza a sus tropas, tomo la vanguardia de su grupo y partió  decidido a desafiar el peligro. A los pocos minutos la UTC penetro en un enorme campamento, ya abandonado, con capacidad para unos 250 hombres. Pasado el impacto de la sorpresa, por hallarse de improviso en el mismo lugar donde horas antes  había estado el enemigo, Román ordeno a sus tropas efectuar un meticuloso registro por todas las instalaciones del lugar en busca de objetos que hubiesen dejado abandonados los mercenarios y que pudiesen arrojar alguna información, mientras él informaba a Jon del hallazgo  a través del radio de comunicaciones.

En una parte del campamento los guerrilleros encontraron un montón de cenizas y residuos de telas  y otros materiales quemados; al escudriñar en esos escombros, descubrieron que se trataba de un morral de campaña con toda su dotación lo que había sido quemado allí. Cerca de este lugar, encontraron también, un par de equipos de venoclice usados, varias bolsas de sueros vacías  y apósitos empapados en sangre regados por doquier, lo que les dejaba claro que allí habían atendido a un mercenario herido que luego había muerto, toda vez que conocedores eran que el ejército oficial solía quemar la dotación de sus bajas  antes de abandonar el área de operaciones.
Terminada la inspección al interior del campamento, procedieron a explorar sus alrededores para descubrir por donde había salido la tropa que ocupo dicho campamento, más no hallaron huella alguna, esto llevo a pensar a los insurgentes a deducir que habían abandonado aquel lugar utilizando la carretera como vía de repliegue.

Poco a poco, el comando guerrillero comandado por Román, siguió avanzando en dirección al punto donde dos días antes habían detectado la avanzada enemiga y al pasar justo por donde había tenido lugar el confuso hecho de las ráfagas aquellas y la desaparición de Arnulfo, quisieron inspeccionar aquel lugar con miras a pistas que les arrojase luces   sobre lo sucedido ese día. Y en efecto, lo que allí hallaron fue sorprendente.  Al lado del árbol  que había descrito Jorge en su relato, descubrieron manchas de sangre tanto en la corteza como  sobre las hojas secas allí diseminadas; igualmente observaron los orificios de tres impactos de bala en la cara del árbol que daba al lugar por donde habían entrado el día de los acontecimientos.  Esto era para Román,  la prueba irrefutable de que los disparos habían sido efectuados por Arnulfo contra el centinela de los mercenarios, <<Arnulfo a esa hora seguía sin aparecer>> y más se convenció de esto cuando  una de sus tropas encontró sobre la carretera una guerrera pixel Ada, totalmente destrozada y ensangrentada; el dueño de la guerrera había sido sin duda el dueño de la dotación quemada en el campamento y a quien le brindaron los primeros auxilios.  

Luego de esta inspección y de analizar lo allí sucedido para llegar a una conclusión aproximada de los hechos, Román junto con sus camaradas reanudaron su avance hacia la cúspide de la loma donde hallaron otro campamento también abandonado, este  más pequeño que el anterior, el cual una vez inspeccionado se disponían a abandonar cuando Román cayo en cuenta de que les faltaba un punto por inspeccionar, y se dirigieron hacia ese y al llegar ¡oh sorpresa! Yacía allí el cuerpo inerte de un hombre vestido de pudelado pero calzado con botas pantaneros y aun con su chaleco puesto. Román ordeno a dos de sus tropas voltear el cadáver tomando todas las medidas del caso. Terminado el procedimiento, descubrieron bajo el cuerpo sin vida, su arma de dotación un fusil AK 47, arma insigne del movimiento guerrillero, lo que los llevo a sospechar que el muerto que tenían frente a ellos, era un guerrillero. 

La bala le había penetrado por la frente, abriéndole un orificio enorme en el cráneo al salir, y la cara la tenía totalmente desfigurada y bañada en sangre, por lo que le fue imposible al grupo de Román identificarlo.

Enterado por Román de la trágica novedad, Jon se desplazó hasta el lugar para constatar la información e intentar identificar el cadáver, que solo poseía como marca en marca en su ropa las iniciales de la unidad a la que pertenecía.   Al verlo Jon no tuvo la menor duda, se trataba de su viejo camarada y amigo Carlos. 

Justo cuando Jon, se disponía a informar por radio de la novedad a los demás mandos recibió el reporte   de una de las  UTC que tenía desplegadas a los alrededores del lugar, que se habían encontrado con  Arnulfo y este se encontraba sano y salvo y en perfectas condiciones, aunque picado por los insectos y bastante hambreado, luego de dos días de estar recorriendo la selva en busca del campamento de su unidad y bregando a mantenerse distanciado del sitio donde había chocado con el enemigo.

Consternado por tales acontecimientos Román propuso informar de inmediato al mando de la compañía a la que pertenecía Carlos, para que viniesen por el cadáver de su camarada y lo enterrasen con los honores de que son dignos quienes mueren en combate,   así como adelantar una rigurosa investigación para esclarecer las causas que produjeron aquel encuentro fatal  entre dos unidades tácticas de combate. 
Solo dos días después, Jon informo a sus tropas, que producto de una violación a la orden operativa de sus superiores Carlos se había visto inmerso en el  infausto suceso que le costó la propia vida. 

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