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viernes, 26 de febrero de 2016

Misión

                   

Por: Luís David Celis, guerrillero del Bloque Cdte. Jorge Briceño de las FARC-EP
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Cuando rey pulso el botón de encendido de la luz de su reloj para ver la hora, eran exactamente las 02:45, casi la hora estipulada para salir a la misión que le habían asignado para ese día. Así que consiente de que pronto había de abandonar su lecho alzó el mosquitero ligeramente de un costado para echar un vistazo afuera, en la idea de observar si la luna ya había empezado a salir, y al comprobar que unos rayos de luz selenita se lograba filtrar por entre la espesa arborizada, cosa que lo alegro en demasía, toda vez  esto significaba que no tendría que emprender la marcha en medio de la oscuridad total, volvió a bajar el mosquitero y se reacomodo suavemente para no despertar a Inés, la mujer que llevaba compartiendo su lecho por más de siete años, pues quería deleitarse escuchando su respirar, mientras recreaba en su memoria la imagen de su cuerpo desnudo, del que conocía él, cada cabello, cada ondulación, cada vello púbico, cada lunar …     luego cual príncipe azul con su bella durmiente llevo en un beso sus labios hasta los de ella para despedirla, pues quería partir sin que ella se diese cuenta para no amargarle la madrugada con su viaje a lo desconocido. Seguidamente y con cierto desgano retiro la cobija que le abrigaba, queriendo iniciar a vestirse. En esas miras se hallaba cuando escucho la tierna voz de su novia que sobresalía por entre un infinito de voces de un sinfín de especies silvestres nocturnas. 

Inés acababa de despertase y al ver que Rey se preparaba ya para partir le rogo en un tono casi suplicante que hiciera todo lo humanamente posible por regresar con vida pues le amaba tanto que no concebía la idea de perderlo. Al oír esto, Rey regreso a su lado y volvió a meterse bajo la cobija y a arrucharse otro ratico a ella; y, abrazados estuvieron hasta que la alarma del reloj les indico que eran las tres en punto, hora en que inexorablemente tenía Rey que presentarse ante su jefe para recibir las últimas instrucciones, así como la debida autorización para abandonar el campamento en cumplimiento de una misión de combate. Entonces se despidió de Inés y puso pie en tierra con más deseos de volver a sus brazos que de salir a enfrentarse a tiros con el enemigo.

Cuando llego a la comandancia de guardia para registrar su salida, hallo allí a Inés, esperándole con los brazos abiertos y sus mejillas humedecidas por las lágrimas, pues quería acompañarlo almenas hasta la salida del campamento. Rey, aunque quiso reprocharle el que estuviese llorando, no tuvo fuerzas para hacerlo, y prefirió más bien dejarse acompañar.

Para fortuna de Rey, en cuanto tomo la trocha que lo conduciría hasta el punto donde se hallaba su objetivo, la selva empezó a ser iluminada por la luna, lo que le facilito de forma considerable su desplazamiento por aquel camino poco transitado y lleno de obstáculos naturales, que por tramos perdía de vista, obligándolo a efectuar registros de búsqueda en torno al punto donde lo había perdido, hasta hallarlo nuevamente y seguir su ruta. 

Por los datos que poseía de su objetivo, sabía que no podía permitir que el amanecer lo sorprendiera sin haber atravesado aun un banco de sabana que se extendía desde donde tocaba fin la selva virgen hasta unos morichales donde debía él, permanecer al acecho. Banco de sabana que constantemente era objeto de registros por parte de un pelotón de tropas profesionales, y en el que, en el menor descuido, podía ser descubierto y hasta ser abatido. Por eso concentro toda su atención sobre la, por tramos, casi invisible trocha para no retrasarse en el plan.  

Al llegar a la sabana, se detuvo un instante para observar cuidadosamente a lo lejos, hasta donde la neblina se lo permitía, pues quería estar totalmente seguro de que no hubiese peligro a la vista y solo detecto a una pareja de tigres que jugueteaban a solo unos cuantos metros de donde él se encontraba pero que al detectar su presencia saltaron velozmente hacia la selva; y, más a lo lejos un árbol desnudo de su follaje donde dormía un solitario samuro con su cabeza entre las alas. Ya con la luna más clara y sin otro obstáculo que dos lagunas no muy extensas sobre la ruta, alargo el paso. La ansiedad de llegar cuanto antes al lugar donde debía emboscarse y el temor a chocar sobre el desplazamiento, con el primer registro del día de esa tropa enemiga fueron suficiente como para no dejarle sentir cansancio y llegar, inclusive, antes de la hora prevista al lugar.

Durante el recorrido por aquel terreno destapado, no pocos sustos se llevó Rey, pues a cada rato bandadas de patos silvestres, garzas y gabanes, entre otras aves que habitan las lagunas, al sentir su presencia levantaban el vuelo haciendo un ruido tal que a Rey le parecía que fuesen tropas enemigas, que desde su emboscada le hubiesen avistado y se preparasen para lanzarse contra él en fiero ataque. Así que a cada instante, más le asaltaba un afán desmedido por realizar aquel cruce lo antes posible.

Cuando por fin llegó a la mata de moriche, estaba totalmente mojado, tanto por el sudor que le había dejado la jornada como por el rocío mañanero que humedecía aquellos sabanales.  Aun no eran las seis y había logrado ya superar la primera fase del plan sin novedades, y por tanto se sentía satisfecho. Ahora debía elegir un buen sitio que le brindase suficiente protección y cubierta, así como visibilidad al objetivo; y allí esperar a que el enemigo hiciera presencia para probar una vez más su rifle de francotirador. Cumplida la misión esperaría a que se hiciese de noche para regresar al campamento donde Inés y sus camaradas le esperaban.

Desde que había recibido el curso de francotirador, este tipo de misiones era una constante para Rey. Luego de cumplida una misión regresaba al campamento, allí se reentrenaba mientras otra misión le era asignada y volvía a salir siempre solo, pues desde el principio le había parecido menos riesgoso operar sin acompañantes.
Allí tendido boca abajo mimetizado entre un helechal permanecía al asecho, expectante siempre a lo que pudiese acontecer a sus alrededores. Sabía que no podía bajar la guardia ni un minuto pues esto podría traerle serios problemas no solo para cumplir la misión sino que también para su propia vida, dado que el enemigo podía descubrir el trillo por donde había llegado hasta allí él y por ende seguirle los pasos. Aunque de vez en vez la imagen de Inés le venía a la mente y en consecuencia recuerdos de vivencias agradables compartidas a su lado, evitaba que estas evocaciones lo distrajeran demasiado. Allí, al asecho procuraba mantener su atención puesta únicamente en el flanco por donde de un momento a otro debía hacer presencia su objetivo.

A eso de las 07 horas, cuando ya el solo de alzaba en el lejano e inalcanzable horizonte, una algarabía de pollos de monte alertaron a Rey, quien de inmediato, a través de la mira telescópica de su fusil, inspecciono visualmente los alrededores del sitio donde las aves volaban asustadas de un lugar a otro para determinar la causa de tal algarabía. Su pulso estaba firme, aunque su corazón empezó a latir con un poco de intensidad. De repente su mira enfoco a un ser humano vestido de uniforme pixelado, casco a la cabeza y un fusil a la mano. Suspiro ligeramente y se preparó para lo que se avecinaba. Había llegado la hora.

El soldado puntero avanzaba sigilosamente controlando con la mirada sus alrededores. Lo seguían a corta distancia 4 soldados más y otro tanto un poco más distantes. A medida que avanzaba el puntero se iba acercando más al sitio donde Rey se hallaba al asecho. Y así, poco a poco el uniformado, sin darse cuenta, caminaba lentamente hacia su fracaso. Su vida solo se prolongaría hasta el mismo instante en que el francotirador considerara que ya su objetivo había alcanzado el punto de tiro. 

Rey no apartaba su mirada del soldado que tenía a unos 60 metros de su posición, no obstante, mantenía controlado a todo el escuadrón, pues quería accionar su arma contra alguien que portara insignias. Por ello buscaba afanosamente detectar al mando de esa tropa antes de que el puntero se acercara más a su posición. 

Al fin una insignia de suboficial pudo distinguir a través de la mira y se apresto a disparar contra la humanidad de quien la portaba sobre los hombros. En este momento descubrió otro contingente de tropa que venía saliendo de tras de un montículo de tierra. Encabezaba éste, un uniformado luciendo dos estrellas en su casco. Estrellas y casco que quedaron inmediatamente empañadas de sangre. Antes de que el puntero lograra reaccionar, una bala disparada por el mismo rifle que había dado muerte al teniente, le perforo la caja torácica. 

La reacción de la patrulla no se hizo esperar. Afanosamente los militares disparaban alrededor de su posición, aunque no tuvieran un objetivo a la vista. Mientras los cuerpos sin vida de los dos militares alcanzados por las balas del francotirador yacían tirados boca abajo cubiertos de sangre.

Rey no volvió a disparar su arma. Solo se limitó a cubrirse lo mejor posible, mientras cesaba el tiroteo, para salir en busca de un nuevo refugio donde esperar la noche y abandonar luego el campo de batalla. Los disparos los había efectuado tan rápido que el enemigo no había detectado el sitio exacto de su ubicación y esto de cierta forma le garantizaba una retirada medianamente segura. 

A los pocos minutos de haberse dado los hechos, hizo presencia en el área un helicóptero artillado, batiendo con fuego de ametralladora y cohetes todas las matas de monte cercanas a la tropa atacada.    Por esta razón Rey tuvo que abandonar la mata de moriche y arrastrarse por entre el pastizal de la sabana, procurando no ser detectado por el piloto de la aeronave.

Ya con el apoyo aéreo, la tropa en superficie inicio un registro sobre el perímetro, buscando dar con el agresor, y rápidamente fue reduciéndole el margen de maniobra a Rey que empezaba a verse en aprietos con un aparato por encima echando bala y la tropa buscándolo por tierra. 

A medida que el sol iba ganando altura, Rey iba sintiendo más la necesidad de hallar lo más pronto posible una nueva mata de monte para protegerse bajo su sombra; empero, sabía que cualquier movimiento en falso le costaría la vida, pues se encontraba en terreno destapado y con enemigo por tierra y aire. Un aguacero en ese momento hubiese aliviado en cierto modo las penurias de Rey pero hacía días que no llovía en aquella región y él no contemplaba tal posibilidad aunque deseara con todas sus fuerzas que el firmamento se cubriera totalmente de nubes y dejara caer la lluvia. 

El helicóptero artillado después de haber escoltado la evacuación de las bajas y de haber agotado sus municiones regreso a la base. La tropa ya sin apoyo aéreo, empezó a tomar posiciones ventajosas sobre el terreno. Mientras que Rey, agobiado por el sol continúo arrastrándose por entre los pastizales en dirección a la mata de selva que había abandonado horas antes.

Cuando cayó la noche, Rey pudo zafarse por fin del cerco que le había tendido el ejército y ya entre la selva, decidió esperar a que saliese la luna para tomar el camino   que lo conduciría de regreso al campamento a dar parte de su misión cumplida. 
  

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