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domingo, 28 de febrero de 2016

No nacimos para resistir, nacimos para vencer

Por Alfonzo,  Militante PCCC

Fuimos, somos y seremos, esa juventud soñadora que le apuesta a la construcción de una verdadera Colombia en paz, los mismos que hoy hemos oído el llamado que nos hace la historia a tomar nuestro papel protagónico en las luchas titánicas de nuestro pueblo por una segunda y definitiva independencia; esa misma juventud que desde la legalidad o la clandestinidad decidimos empuñar  esas banderas de lucha que nuestro libertador nos ha dejado, las mismas que centenares de hombres y mujeres han empuñado desde hace más de 50 años de lucha y resistencia por la construcción de una nueva Colombia.

Nos quieren asustados, dóciles callados, entre nosotros enfrentados, que en lugar de derrocar a los explotadores pasemos la vida luchando entre los explotados. Pero los tiempos cambian y ya hemos despertado de esa eterna pesadilla de dolor y sufrimiento a la que nos han tenido sometidos durante tanto tiempo; es por eso que La paz ya tiene que dejar de ser una bandera más de manipulación y politiquería de los gobiernos de turno, para comenzar hacer una realidad en la cual todos los colombianos estamos llamados a construir ese país acorde a nuestros sueños y necesidades, y acabar de una vez por todas con las lucubraciones mentales que el gobierno nos ha querido hacer creer, durante el transcurso de estos diálogos, vendiéndonos la falsa idea que es la institucionalidad la que tiene las llaves de la paz.

Ya es hora de despertar el miedo ya no puede seguir siendo nuestra condena, pues ya no hay nada más que perder salvo las cadenas que nos han tenido oprimidos durante tanto tiempo; Es hora de demostrarle al gobierno que está muy equivocado al querer condicionarle la paz al pueblo colombiano, creando mecanismos de refrendación de los acuerdos pactados. Mecanismos que solo favorecen sus intereses, dejando intactos a los verdaderos responsables de las penurias por las que atraviesa el país, dando paños de agua tibia sin solucionar de fondo los problemas estructurales que son los culpables de la miseria, la pobreza y la desigualdad por la que está pasando nuestra sufrida Colombia.

Somos producto de la larga noche, los invisibles, hombres y mujeres libres los que hoy decimos, Somos el pueblo colombiano los únicos dueños de las llaves de la paz, quienes debemos decidir el futuro de nuestra patria, ese mismo pueblo ansioso de vivir en paz y dejar atrás todos los malos recuerdos que nos ha dejado el conflicto armado, para empezar a forjar esa Colombia en paz donde cesen las violaciones sistemáticas de nuestros derechos y poder disfrutar a plenitud de los mismos. La paz ya no es puro cuento, es cada día más una realidad que tenemos que respaldar y empezar a construir desde nuestros territorios, solo de esta manera se podrá llegar a una verdadera paz con justicia social, estable y duradera, que le ponga fin a la lucha fratricida y el derrame de sangre de pobres entre pobres. 

Los jóvenes, de ruana, sombrero y macheta de capucha, botas y chaqueta, los que hoy nos unimos para exigirle al gobierno no levantarse de la Mesa de diálogos hasta no haber llegado a unos acuerdos que estén en favor de los sectores más necesitados y le ponga fin a tantos años de violencia, hoy más que nunca tenemos que ponernos la "10" y empezar a construir un mejor mañana, pues esto es solo un primer paso en esta ruta que nos conducirá a una paz estable y duradera. De igual forma hacemos un llamado a toda la juventud de Colombia a que unamos esfuerzos en la construcción de un mejor mañana para nuestras comunidades, al igual que en la protección y preservación de nuestros recursos naturales y medio ambiente, que nos permita un mejor desarrollo de nuestras comunidades.

Sin miedo, sin nada que perder es que hoy decimos que no nacimos para resistir, nacimos para vencer y levantamos nuestra voz, para exigirle al gobierno colombiano, que estamos cansados de tener que hacer parte de un conflicto que no es nuestro, pero que aun así  nos han obligado a hacer partícipe del mismo, negándonos la educación, la salud, la vivienda y obligándonos a prestar un servicio militar en contra de nuestra voluntad, sabemos que no hay camino para la paz sino que la paz es el único camino que le pondrá fin a tantos años de violencia que hemos sufrido los jóvenes, quienes hemos sido sometidos a la estigmatización y criminalización por pensar distinto, hemos sufrido las consecuencias de un conflicto interno, que ha desangrado a nuestra patria, dejando centenares de viudas y huérfanos; Fenómeno que solo ha ayudado a profundizar la grave situación de miseria y desigualdad por la que atraviesa el país, que solo ha generado el crecimiento de los grandes cinturones de miseria en las ciudades, obligando a los campesinos a abandonar los campos, tratando de huir de la bota y el aparato militar institucional, que solo trae consigo muerte, miseria, desolación a estos territorios y a sus pobladores.

Ha llegado la hora de cambiar este sistema corrupto, opresor y clientelista; por un gobierno donde allá una verdadera participación de la población y se haga respetar el poder del constituyente primario. Donde el estado cumpla con su papel institucional de velar por los derechos y necesidades de sus gobernados, en pocas palabras un gobierno que este en favor de sus pobladores.

Sabemos que no es un camino fácil, al igual que hace 50 años cuando se puso en marcha este gran proyecto de una  nueva Colombia, proyecto que hoy nos tiene sentados negociando con un estado que se ha caracterizado por ser uno de los más crueles, sanguinarios, guerrerista e inhumanos del continente. No ha sido un camino fácil pero nuestro compromiso con el pueblo colombiano nos ha enseñado que en ocasiones hay que "comerse los sapos con verrugas", con tal de darle al pueblo colombiano esa paz tan anhelada, esa misma que un día nos hizo  tomar las armas para defendernos de un estado tirano y opresor que le ha dado un trato torpe y represivo a las distintas formas de lucha y reivindicación de los derechos del pueblo colombiano.

Se acerca uno de los momento más cruciales de estos diálogos en el que se definirá el futuro de la patria, donde todos estamos llamados a respaldar y a rodear estos acuerdos que buscan ponerle fin a tantos años de violencia institucional, a los que nos han sometido. Pero ya hemos creado las condiciones para que todo esto cambie, pero aun así no podemos bajar la guardia pues sabemos la clase de contendor al que nos enfrentamos y sabemos que tratara de hacer lo imposible por fragmentar lo acordado.
Que sepa y tiemble la institucionalidad, porque nuestro camino no es resistir, nuestro único camino es vencer.

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