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martes, 23 de febrero de 2016

Reconocer a la contraparte como igual

Reconocer a la contraparte como igual

…Hoy afrontamos otra crisis, la enfrentamos con igual compromiso por la paz y la confianza que la sensatez saldrá adelante en la solución, pero al igual que en todo el proceso, se nota la reticencia de sectores del gobierno nacional a reconocer a la contraparte como igual…

 Por: Marcoleón Calarca. Delegación de paz de las FARC-EP

Veníamos desde la montaña cargados de compromisos, responsabilidades y porque no decirlo de esperanzas, después de lustros y décadas, según el caso, resistiendo al hegemonismo neoliberal transgresor de los derechos fundamentales de nuestro pueblo, apoyado por el inmenso despliegue del imperio más poderoso jamás conocido por la humanidad, con todo su poder al servicio de las elites colombianas en su propósito de acabar a sangre y fuego con nosotros y lo que representamos.

El Secretariado de las FARC-EP depositó la enorme responsabilidad de auscultar las posibilidades de construir un camino hacia la paz con justicia social sobre los hombros de Mauricio Jaramillo, el responsable, Ricardo Téllez, Andrés París, Sandra Ramírez, Carmenza Castillo y míos.

Ya en Cuba, luego de la revisión médica, que fue lo primero, y todavía resintiendo las inmejorables condiciones brindadas por la isla de la libertad, país anfitrión, entre las cuales resalta la tranquilidad, se realizó, el 22 de febrero de 2012, la reunión técnica, Jaime Avendaño y Alejandro Eder por el gobierno, Andrés y yo por las FARC-EP, para definir horarios y esquemas de trabajo, además la primera propuesta negada por el gobierno: realizar registro fílmico y fotográfico para la memoria, para la historia.

El 23 de febrero de 2012, dimos inició al Encuentro Exploratorio. Nosotros fuimos los seis y nos sentamos frente a Sergio Jaramillo, Frank Pearl y Enrique Santos, los plenipotenciarios del Gobierno. Iniciamos el intercambio de visiones y constatamos lo lejos que estábamos y el daño hecho por la satanización del Caguán, todavía innombrable como referente de paz.

En nuestra Delegación primaba una gran desconfianza pero estábamos persuadidos de la necesidad de la solución diferente a la guerra para la problemática económica, política, social, cultural y ambiental del país.

Y la Delegación del Gobierno estaba convencida de tener al frente la representación de una guerrilla derrotada en lo militar y sin norte político, dedicados al bandidaje, en fin creídos de sus propias mentiras. Ese fue su primer gran estrellón con la terca realidad en el trascurso de las reuniones, sin embargo nace en esta concepción la esencia de las crisis vividas por el proceso en todas sus etapas, la imposibilidad de reconocer, por parte de sectores de las elites, la igualdad de las partes en el desarrollo del proceso.

En varias ocasiones se acabó la paciencia y tocaba respirar profundo y contar varios miles por las inacabables discusiones, las prolongadas reuniones, hubo días en que el salón donde trabajábamos parecía la casa de los monstruos… por las sábanas que cubrían los tableros de redactar, las telarañas las imaginamos, la desconfianza proscribió de estas reuniones cualquier aparato electrónico, los afanes gubernamentales, las mentiras que nos tocaba oír, el desequilibrio en las comunicaciones, los ultimátum...

Mención aparte merece la paradójica confidencialidad, pues la contraparte sabía dónde ubicarnos, los gringos también, teníamos permiso del gobierno cubano y sin embargo no podíamos salir ni a la esquina, nos escondíamos de los amigos.

Discutimos y debatimos, sustentamos y destruimos propuestas y posiciones, superamos varias crisis. Y así fuimos adelantando, construyendo el Acuerdo General de La Habana, punto a punto, tratando de ser sencillos, inclusivos y claros en el leguaje. Al final, luego de consultar con nuestra dirección en una reunión de Estado Mayor ampliada pudimos decir tarea cumplida. El 26 de agosto de 2012 firmamos el Acuerdo.

En honor a la verdad hay que destacar el papel jugado por los gobiernos de Cuba y Noruega, sus delegados  siempre atentos para brindar el apoyo necesario, y al lado el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela facilitando lo necesario en esta etapa y en general en los diálogos.

Aquí estamos, cuatro años después con el anhelado Acuerdo Final a la vista en el horizonte, todavía no logramos superar la permanente desconfianza, se crea confianza gota a gota y se destruye a raudales, sin embargo hemos superado varias crisis, pero permanece siempre una tara, la inclinación a la unilateralidad producto del rechazo a la igualdad de las partes, esta realidad no se acepta.

Y para variar hoy afrontamos otra crisis, la enfrentamos con igual compromiso por la paz y la confianza que la sensatez saldrá adelante en la solución, pero al igual que en todo el proceso, se nota la reticencia de sectores del gobierno nacional a reconocer a la contraparte como igual. Se da espacio y alimenta a los enemigos de la paz la prepotencia que impulsa a imponer visiones, estas deberían compartirse para buscar acercamientos, el marco del diálogo enseña como con el intercambio se logran soluciones sin traumatismos.

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