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domingo, 6 de marzo de 2016

El futuro de Colombia no puede ser solo el definido por las vías del mercado



Rafael Reyes Malangón. Militante PCCC


En temas como tierras y territorios, es evidente el clima de cambio que se aproxima ante el eventual acuerdo para la terminación del conflicto armado con las FARC - EP. Sin embargo, el gobierno se ha empeñado en enviar mensajes que  no parecen estar acordes a las transformaciones que son necesarias para reducir y mitigar las condiciones generadoras de violencia. Sobre todo en el campo colombiano.

La situación que se presenta con el INCODER, entidad moribunda que se encuentra en liquidación. Y las nuevas instituciones sin consolidar, no auguran una respuesta institucional acorde a los retos de la implementación de los Acuerdos de La Habana, sobre todo del punto 1. Reforma rural integral.

La ley 1776 de 2016. La cual crea las zonas de interés de desarrollo rural, económico y social (ZIDRES) sancionada el 29 de enero de este año, conduce a la legalización de la concentración de tierras a favor de los megaproyectos agroindustriales, de las empresas y las multinacionales.

De igual forma, los modelos asociativos que impulsa el gobierno entre campesinos y empresarios han demostrado ser nocivos para la población campesina y para los ecosistemas. Debido a que, primero: cuando los niveles de rentabilidad o producción del negocio no son los esperados, la única prenda de garantía que tiene el campesino  frente a la inversión realizada es su tierra y, segundo: los modelos productivos para grandes extensiones afectan los equilibrios eco sistémicos, generando graves afectaciones ambientales entre las que están el deterioro de suelos, erosión, contaminación y perdida de fuentes de agua, reducción de la biodiversidad, entre otras. 

Continuando con la descripción de la lógica del gobierno colombiano para realizar los cambios institucionales y de relaciones sociales conducentes a lograr la paz. El ingreso del país a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no se puede pasar por alto.

Esta apuesta va en la vía de profundizar los lineamientos neoliberales para el debilitamiento del Estado y el fortalecimiento del mercado. Y es allí donde radica el problema que debemos afrontar como pueblo colombiano, debemos hacer la lectura crítica del papel que ha jugado el modelo económico en nuestras condiciones de vida, puesto que las relaciones sociales están atravesadas por las relaciones económicas y por las formas de producción, por la forma en que transformamos nuestro entorno. Así comprenderemos que las raíces últimas del conflicto se enclavan en la explotación descarada a la que hemos sido sometidos como país, devorando nuestros recursos naturales, afectando nuestra salud, desconociendo nuestros derechos, violentando la vida misma al concebirla como una mercancía. 

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