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martes, 15 de marzo de 2016

"No nos arrepentiremos por querer cambiar el mundo"



Por: Ramiro Pardo, militante PCCC

La mal llamada "opinión pública", o por lo menos quienes se encargan de configurarla, aun no logran entender de qué se trata un proyecto revolucionario. Especulan sobre el futuro de los combatientes y los visualizan manejando taxis, haciendo pan, muebles y zapatos, y a los mandos guerrilleros sentados en una o dos curules en el congreso. Pareciese que no comprendieran que de lo que se trata es de cambiar el mundo, transformar el país y construir poder popular.  

En ese sentido, la posibilidad de llegar a un acuerdo de paz pone de manifiesto un debate en todos los espectros de la sociedad colombiana, sobre la construcción de un nuevo sentido e identidad Nacional; algo así como una visión de futuro o proyecto de sociedad, que es en sí, de lo que se trata la gran política, la que nos gusta, muy distinta a la politiquería a que están acostumbrados. 

Por ello, como revolucionarios, pensamos en una sociedad justa, plural, abierta y democrática, en la que sobre todo se respete la diferencia y se logre la inclusión de quienes históricamente han sido marginados. Eso, sencillamente se llama "socialismo"; proyecto al que jamás renunciaremos, en tanto entendemos que existen diferentes vías para su advenimiento y construcción. De ahí que comprendamos que todos los credos, imaginarios, visiones de mundo, concepciones filosóficas, políticas, culturales, religiosas y artísticas, tienen cabida en dicho proyecto de sociedad, aunque como partido político que somos, tenemos vocación de poder y queremos ser quienes dirijamos el rumbo.

De esa manera, contrario a los que perciben a los revolucionarios y comunistas como monstruos fanáticos guiados por un dogmatismo de ideas caducas, en las filas rebeldes es donde tienen cabida todas las expresiones propias del mismo pueblo colombiano. Si no fuese así, hubiese sido y sería imposible la construcción de un proyecto político tan amplio y extenso tanto en el tiempo como en la geografía misma de la patria. Por eso es que exigimos las mínimas garantías para ejercer el más elemental derecho que dicen "caracteriza" a las democracias y que denominan como "Libertad de Expresión". 

En efecto, si hoy contáramos con dicha garantía, no estaría escribiendo este artículo desde la clandestinidad y con un seudónimo. Pero la realidad muestra que quienes enarbolan ideas sociales en beneficio del pueblo, son objeto de persecución y exterminio; y no se trata sólo del caso de la Unión Patriótica, sino de todos los líderes sociales, afros, campesinos, indígenas, y en general explotados y oprimidos que en cualquier momento de la historia han optado por defender los intereses del pueblo y han caído bajo las balas asesinas o han sido encerrados en cárceles.

Por ello, tal como dice la canción, son los sueños todavía, los que nos llevan a asumir dicho proyecto de futuro al que están convocados todos y todas sin exclusión de ningún tipo. De ahí que aunque de algo tendrán que vivir los combatientes y seguramente sabrán ganarse el sustento tal como lo hace el pueblo en su brega diaria, seguirán siendo revolucionarios desde cada espacio donde se encuentren, pues antes que pensar en desmovilizaciones, como bien lo dijo el comandante Timoleón Jiménez, de lo que se trata es de movilizarnos. 

La paz es entonces, apenas el inicio de una nueva etapa en que brillará la verdad y la palabra, y el escenario donde se incrementará la lucha política a todos los niveles, el debate franco y abierto de las más disímiles ideas, y seguramente la sociedad colombiana se verá avocada a la confrontación política, pero sin armas. Nos verán en las plazas, en los buses, en los barrios y veredas, y en cualquier lugar debatiendo y presentando nuestras propuestas, coloreando nuestro mundo  y desnudando nuestros sueños, y se darán cuenta que son los mismos de la mayoría de la población. 
Vale decir entonces, que quede claro que además de combatientes, existe un acumulado de pueblo, organizado en el Movimiento Bolivariano y el Partido Comunista Colombiano Clandestino, que estamos convencidos de lo que somos, y aunque admitimos opiniones y cuestionamientos, estamos dispuestos a debatir donde sea y con quien sea, y no nos pueden obligar a arrepentirnos, ni a renunciar a nuestras ideas. Simplemente queremos tener iguales derechos al resto de colombianos, sin que por ser comunistas merezcamos sin más, la pena de muerte. 

Por ello los revolucionarios no podemos pedir un perdón bajo una falsa y doble moral, pues no hay lugar para arrepentirse del camino que hemos emprendido. No pueden someternos al sistema, ni comprar nuestras conciencias con un par de curules, ni con casa, carro y beca. Por eso, señores de la gran prensa, vale la pena que entiendan que una revolución no es gobernar un municipio, una ciudad o un país, sino que es construir un nuevo imaginario social, un nuevo sentido de país, proyectar una visión del mundo y una nueva identidad, marcada por algo elemental como el rechazo al capitalismo, a la explotación y al desangre de la madre tierra. 

Esos sueños que tenemos queremos traducirlos en poder, en definiciones sobre la vida y el futuro de la patria. De eso es de lo que se trata nuestra apuesta y para ello no tenemos que pedirle permiso a nadie, ni arrepentirnos de nada, ni sentir culpa por nada. Cosa diferente es que bajo el acuerdo de reconciliación, se esclarezca la verdad y se asuma la reparación de los daños que como sociedad nos hemos ocasionado en medio del conflicto. Porque somos FARC-EP, la esperanza del pueblo!!! Hemos Jurado Vencer, y Venceremos!!!

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