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sábado, 23 de abril de 2016

Reflexiones en torno a la paz

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Por Juana Azurduy, guerrillera de las FARC-EP www.farc-ep.co


Se avecinan tiempos complejos. En las montañas con uniforme, en las ciudades de manera clandestina, en La Habana, o en cualquier rincón de Colombia, la misma pregunta: ¿qué irá a pasar?

Los años en mis costillas no alcanzan para poder comparar las ansiedades que me ha generado este proceso de paz en comparación con el del Caguán. En aquel entonces era pequeña y era poco lo que me cuestionaba en temas de economía, política y sociedad.

No sé si las personas que participaron del anterior intento de lograr la paz llegaron a sentir la posibilidad real, palpable de que se diera un acuerdo, de que las FARC-EP pasáramos a ser un movimiento político, que no tenga que recurrir a las armas para participar.

Tampoco sé si me estoy adelantando a los acontecimientos, si creo demasiado en la gente, en el pueblo que tanto ha acompañado estos largos años de lucha, y siento que en otras condiciones vamos a poder con todo: con el Imperialismo, los paramilitares, la policía, el ejército, los políticos, los medios de comunicación…

A menudo sueño con un futuro no muy lejano en el que no tenga que sentirme ilegal, donde pueda usar mi nombre sin que eso ponga en riesgo mi seguridad o la de mi familia; donde pueda decir abiertamente: "¡Soy comunista y feminista!, te invito a construir una Colombia nueva".

Sueño con el trabajo junto a la gente, sin que cada titular de prensa sea un camarada asesinado, donde busquemos colectivamente las salidas a los problemas cotidianos, y a los estructurales, también.

El socialismo es difícil de construir, porque necesita del aporte consciente de toda la sociedad; igual la paz, por lo menos la paz que queremos las FARC-EP.

La sensación de que este proceso es irrevocable empieza a hacerse más presente. No dejo de sentir escalofríos. No confío en el Estado colombiano. Sin embargo, por el mejoramiento de las condiciones de nuestro país, hemos estado dispuestos a dejar nuestra vida en el combate, y lo estaremos también de dejarla en una lucha no armada. De Colombia en su conjunto dependerá que sea justicia y no muerte lo que protagonice los años venideros.

Mientras tanto, a seguirse preparando.

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