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martes, 12 de julio de 2016

La paz también se construye pateando un balón!!!



Por Ramiro Pardo. Militante PCCC


Alguna vez Jorge Valdano afirmó que la Nación es el fútbol y seguramente tenía mucho de razón. Quizá ningún deporte en el mundo despierta tanto entusiasmo dentro de las masas populares y los desposeídos de cada continente. El fútbol es el mecanismo mediante el cual los marginados tienen una opción de mostrarse ante el resto de la sociedad, tal cual lo hacían los antiguos gladiadores. 

Y como gladiadores de nuestros tiempos, sabido es que los jugadores colombianos, en su mayoría provienen de las barriadas más humildes y de los pueblos olvidados; esos de la otra Colombia, de la que anda en burro y toma guarapo. Los niños descalzos, quizá sin escuela y mal nutridos, sueñan con ser futbolistas y pasan su tiempo pateando una pelota de trapo o algún viejo balón. Para muchos colombianos la única referencia que se tiene de pueblos como Murindó, Acandí, Barbacoas, Puerto Tejada, entre muchos otros, es la relación directa que se hace con alguno de los futbolistas nacidos en dichas tierras. 

Por ello, ante el fracaso de imponer una hegemonía y extender la soberanía y la identidad nacional entre todo el pueblo Colombiano, el fútbol se ha convertido en el único elemento cohesionador que hace que entre paisas, costeños, cachacos, llaneros, pastusos, opitas, santandereanos, vallunos, blancos, negros, mestizos, indígenas, ricos, pobres, hombres, mujeres y niños, exista un sentimiento de hermandad.  

En el fútbol se une la Colombia opulenta, la de los poderosos, aquella que almuerza cada día en un lujoso restaurante, y la que sirve su comida en hojas de plátano con sazón y amor campesino. La cita con el gol es la fiesta que todo el mundo celebra, y quizá el vehículo mediante el cual el pueblo sufrido se siente parte de algo y siente que gana algo (cuando hay triunfos), y es también la manera de entenderse a sí mismo y de mirar a los otros, en los casos de derrotas. 

Triste o alegremente, al interior de dicha práctica también se desarrolla la lucha de clases. De un lado empresarios, cadenas de televisión, patrocinadores, directivas e incluso narcotraficantes, hicieron del deporte rey, una mafia que generó muerte y tristeza y cegó la vida de estrellas como el legendario Andrés Escobar. Del otro lado, los pequeños comerciantes para quienes el espectáculo de cada fin de semana significa la posibilidad de ganar el sustento vendiendo comidas, bebidas, pitos, banderas, camisetas, en su lógica del rebusque. Y desde luego, los hinchas; esos muchachos descamisados, para quienes el fútbol, su equipo, y la selección son el único sentido de existencia en un mundo sin posibilidades, sin amor y sin esperanza. 

Por tales motivos, es clara la necesidad de plantear la democratización de los clubes, para que estos últimos sean quienes decidan sobre el futuro de los mismos, y no sean sólo la fuente de ganancia de quienes desean mantener a los jóvenes imbuidos los vicios y la ignorancia, y al resto del país distraído de los problemas sociales. Así por ejemplo, La pasión que despierta el combinado patrio debe sopesarse entonces alrededor de los beneficios económicos que deja el negocio. No es justo que lo único que le quede al pueblo luego de un torneo sea la alegría y la tristeza, mientras otros llenan los bolsillos. El fútbol debe cumplir una misión social en esa construcción de nacionalidad que se requiere para la paz. 

De tal manera, es necesario pasar del patriotismo pachanguero y la banalidad mediática, a la construcción de una política pública de impulso al deporte en la que todos se beneficien. Es que si queremos hablar de patria, ampliando la idea de Valdano, debemos reconocer que quizá sólo tres instituciones la han forjado. La Selección Colombia, las fuerzas militares y las FARC-EP. Sólo las tres han estado presentes en todo el territorio y en lo profundo de la patria, allá donde nacen los ídolos de la selección; mientras que la dirigencia apoltronada en las oficinas de la capital, apenas es capaz de festejar con Wiskhy cada triunfo o fracaso deportivo, mientras desata la guerra y la miseria contra el pueblo.

En efecto, soldados, guerrilleros y futbolistas, son por igual hijos de ese pueblo humilde, de lo profundo, de la Colombia Amarga. Dirigentes, Políticos, Empresarios y Generales, mientras tanto, hacen parte de esa Colombia que nunca ha sido capaz de construir patria ni forjarse como Nación. Este es entonces un motivo más para construir paz, el reconocerse en el otro, y quizá cambiar para siempre la confrontación armada, por la justa competencia deportiva; eso sí, sin abandonar nunca la batalla de ideas, en donde seguro, quienes conocemos bien a Colombia, ganaremos por goleada. Porque hemos jurado vencer, y venceremos!!!







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