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jueves, 21 de julio de 2016

Revolución es sentido del momento histórico

Por  María Aureliana Buendía


Revolución es sentido del momento histórico

 Desagravio a las FARC, en particular a Gabriel Ángel

Bajo el cielo de una revolución triunfante y en medio de su heroico pueblo se desarrolla la negociación de paz entre las FARC-EP y el gobierno colombiano. Han sido cuatro largos años de ingentes esfuerzos de la comandancia guerrillera, de  todos los combatientes farianos, partido clandestino, milicias, colaboradores y amigos, organizaciones de masas, campesinos e intelectuales, estudiantes  y trabajadores, mujeres y hombres de diferentes partidos y creencias, por parar una guerra terrible, una confrontación asimétrica y desproporcionada, donde simplemente el dinero se enfrentaba al heroísmo. Un pueblo en armas contra sus verdugos.

Las dimensiones del horror del conflicto armado en Colombia están por conocerse. Se ha visto la punta del iceberg y a algunos responsables. El esclarecimiento de la verdad histórica, de las causas y consecuencias de la guerra, develará a sus verdaderos autores intelectuales e instigadores, es un compromiso ético con nuestros muertos, una necesidad y condición indispensable para el futuro de los vivos. 

Quienes gastan toneladas de tinta, rasgándose las vestiduras, tratando de convencernos de lo equivocados que estamos en esta negociación, no conocen lo atroz y monstruosa que ha sido la guerra, no la han vivido. "Solo a los locos puede gustarles", solía repetir Jacobo Arenas. La paz es la más grande conquista para cualquier pueblo, para cualquier proceso revolucionario. La guerra la hemos hecho a conciencia, pero solo como respuesta a la agresión militarista, como necesidad frente a la filosofía de aniquilamiento del enemigo. 

El proceso de paz es una oportunidad, en el momento histórico  concreto actual, para cambiar la correlación de fuerzas a favor de los intereses populares. Claro, para llevar a buen puerto esa política, requerimos de mucha audacia y finura intelectual: lograr que millones de colombianos conviertan en suyos los acuerdos alcanzados en la mesa de negociaciones de La Habana. Todo parece indicar que así será, como lo expresaba gráficamente una mujer del pueblo: que nos dejen un agujero y nosotros abriremos una tronera de torrente popular. 

Las armas guerrilleras nunca han sido un fin en sí mismo sino un medio. Lo estratégico es la toma del poder político, por el camino menos doloroso para nuestra patria, tomando las decisiones que sean necesarias para cumplir ese objetivo supremo.

Es evidente que quienes han entrado en crisis frente a la política de las FARC desarrollada en esta coyuntura, no han estudiado los acuerdos, ni el contexto colombiano e internacional desde el punto de vista de confrontación bélica. Por otro lado, desconocen los mecanismos  de consulta interna, las instancias de discusión democrática, donde el conjunto de la organización guerrillera decide el curso de la política fariana. Aquí no hay ruedas sueltas. Nuestra unidad, es la verdadera arma indestructible, nos acompaña desde Marquetalia, la hemos puesto a prueba en situaciones verdaderamente importantes y hemos salido fortalecidos siempre. Los contados casos que confirman la regla, se han dado e indefectiblemente detrás está la mano enemiga.

Es lamentable que alguien que se proclame "radical revolucionario" termine coincidiendo en sus posiciones políticas frente a la mesa en La Habana, con engendros como Uribe, el partido Centro Democrático y/o el ejército anti restitución de tierras.

Dice el Comandante Fidel Castro:

Revolución es sentido del momento histórico. 
Es no mentir jamás, ni violar principios éticos.
Es convicción profunda de que no existe fuerza 
En el mundo capaz de aplastar
La fuerza de la verdad y de las ideas.

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