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jueves, 7 de julio de 2016

Un cerco táctico

#EscribenLosGuerrilleros

Por: Luis David Celis. Guerrillero de Bloque Cdte. Jorge Briceño.

El comandante de la fuerza de despliegue rápido (FUDRA) calculaba confiado que, en la zona comprendida entre los Caños Café y  Rojo, podrían sus tropas golpear contundentemente a la columna guerrillera que desde hacía una semana venia eludiendo el cerco táctico que esta unidad elite de las fuerzas militares le había establecido en el corazón de su área. El alto oficial había diseñado personalmente la operación militar y con el fin de supervisar de cerca el cumplimiento del plan, había establecido un puesto de mando adelantado en el mismo teatro de operaciones. 

Como buen estratega, el general consideraba que los guerrilleros con los que uno de los batallones bajo su mando había sostenido combates el día anterior intentarían acampar una vez cruzaran Caño café, lo que aprovecharía para dar el golpe que tenía planeado, para ello había ordenado el despliegue de tres batallones por el oriente, cubriendo los 10 km de terreno selvático que separaban los dos caños, otro batallón debía llegar hasta la unión de los dos caños, y desde ahí, avanzar hacia el oriente en dirección del objetivo. Dos batallones más seguían el trillo dejado por los guerrilleros en su desplazamiento buscando establecer contacto armado con estos. Cerraba el dispositivo dos batallones que entrando por el sur debían emboscarse sobre la margen izquierda de caño rojo para recibir con fuego a los subversivos que lograran escapar del asalto.

Las 15 horas del día era la hora establecida para el asalto. Los dos batallones que iban siguiendo el objetivo debían comprometer en el combate a todos sus objetivos buscando con superioridad numérica y un buen nutrido volumen de fuego doblegar rápidamente la voluntad de lucha de los guerrilleros y llevarlos a la rendición. Mientras estas dos unidades tácticas abrían combate, los tres batallones ubicados al oriente y el batallón ubicado al occidente debían establecer un segundo cerco, dejando como válvula de escape el flanco cubierto por los dos batallones que se hallaban emboscados.  

Una vez terminado el combate, el mando insurgente había decido pernoctar esa noche a solo un kilómetro del campo de batalla en la idea de iniciar temprano la marcha al día siguiente, proyectando alcanzar caño rojo antes de que empezara a oscurecer, para así alejarse un poco del enemigo, puesto que era consciente de la situación operacional en que se encontraba. Sabía que intentar hacer frente por mucho tiempo era darle tiempo al comandante de la FUDRA para que estrechara su cerco contra ellos. 

Afortunadamente la unidad guerrillera no había sufrido bajas ni heridos durante el combate, ya que el recorrido previsto para ese día era de aproximadamente 16 kms. Una distancia considerable, máxime si se tenía en cuenta que sobre la ruta se encontrarían ciertos obstáculos naturales que les retrasaría la marcha. 

Cuando cruzaron el primer caño, el jefe de la columna designo una escuadra para que permaneciera emboscada allí durante 30 minutos, mientras el grueso del personal se alejaba de sitio tan crítico, luego de los cuales debían salir tras ellos. Empero, transcurridos 25 minutos, una inusual algarabía de las marimbas alerto a los guerrilleros. El mando de la escuadra se levantó de su puesto y uno a uno fue alertando a sus camaradas para que estuviesen a la expectativa por lo que pudiese aparecer en la orilla opuesta del caño. Solo pelearían si los mercenarios se atrevían a intentar cruzarlo. Si no lo hacían se retirarían luego de haber identificado el dispositivo que tomaran estos sobre el terreno. 

Poco a poco fueron dejándose ver al otro lado mercenario tras mercenario hasta hacer presencia en la rivera más de dos centenares de estos, quienes empezaron a descargar sus morrales de campaña y a preparar agua pues iban sedientos. En un momento determinado apareció en la orilla del caño un oficial con insignias de mayor, seguido de un capitán. Los dos oficiales inspeccionaron detenidamente con sus miradas la margen opuesta, en donde se podía ver el trillo dejado por los guerrilleros durante el cruce una hora antes. 

-mi general tenía razón, dijo el mayor con aires de grandeza dirigiéndose al capitán, esos bandidos acamparan en el primer charco de agua que encuentren. 

-es correcto mi mayor y parece que no nos llevan mucha ventaja puesto que se ve que aun escurre agua del trillo, observo el capitán mostrándole a su superior inmediato el brillo que producía el agua sobre el barro amasado por los pies de los guerrilleros.
El mayor consulto su reloj y alzando la voz para que sus tropas le oyesen anuncio que en dos horas efectuarían el cruce del caño, luego, ya para que escuchara solo el capitán repuso- vamos a darles tiempo a aquellos manes para que se acerquen un poco más puesto que aún es muy temprano y deben estar a más de tres kms del punto. Después de que crucemos tendremos dos horas para darles alcance a esos bandidos. 

El comandante de la escuadra guerrillera ordeno retirarse con toda la cautela posible para que no fuesen descubiertos por la tropa que estaba justo enfrente de ellos. Aunque estos mercenarios daban flanco para dispararles y causarles un buen número de bajas, los guerrilleros se retiraron en silencio llevándose consigo la valiosa información que habían obtenido por boca del propio oficial al mando del batallón que les venía siguiendo las huellas. Su unidad no la tenía tan fácil, estaba claro, por tal razón debían darle alcance lo más rápido posible y poner a su jefe al corriente de los hechos.
Ante tan inesperada novedad, el mando de la columna guerrillera tomo la decisión de cambiar de ruta para salir más abajo de donde tenía previsto. Solo le faltaban tres kms para llegar a caño rojo y era probable que hubiese tropas esperándolos sobre la ruta. Si el golpe lo tenían planeado para las 15 horas debían ponerse al otro lado antes de esa hora. 

Llego la hora prevista y los batallones que avanzaban sobre el trillo de los guerrilleros no daban con estos. Los planes empezaban a fallar. Este imprevisto obligo al oficial al mando a comunicar de su situación al mismo general para que este le ordenara su curso de acción a seguir. 

A eso de las 15:30 horas, ráfagas de ametralladora y fusilería se dejaron escuchar al otro lado del caño. La tropa que inicialmente llevaban la misión de emboscarse por si aparecían por allí guerrilleros intentando liberarse del asalto, ahora habían recibido la orden de descubrir su presencia sobre la ruta que llevaban los guerrilleros para que el mando de estos se viese obligado a detener su marcha y pernoctara en esa zona, lo que aprovecharían los otros batallones para llevar a cabo su cometido.

Los guerrilleros, luego de cruzar el caño, se ubicaron por detrás del dispositivo tomado por las tropas oficiales y al encontrar el trillo que estas habían dejado, lo aprovecharon para abandonar el lugar sin dejar trillo que los delatase. Por su parte las tropas comprometidas en el cerco, al ver que todos sus sacrificios habían sido en vano, perdieron el ímpetu que llevaban y ahora solo esperaban la orden de abandonar el área. 
Esa noche mientras los guerrilleros descansaban de la durísima jornada no dejaron de escuchar disparos de fusil y una que otra explosión de proyectiles de mortero 60 mm sobre el sector que acaban de abandonar. Los centinelas de la tropa oficial disparaban a cualquier cosa que se moviera por frente de ellos pues se les figuraban guerrilleros al asecho. Hasta un sargento y un cabo cayeron muertos por las balas de uno de sus centinelas cuando pretendían pasar revista al cuerpo de guardia y resultaron por equivocación delante de este. 

A la mañana siguiente el general, lleno de incredulidad, recibía el informe de la situación operacional de las tropas en el área: La columna guerrillera había evadido el cerco y aun no habían establecido su nueva ruta, puesto que después de varios registros realizados al otro lado del caño, solo habían hallado los trillos de la propia tropa. Para rematar, le informaban de la muerte de dos suboficiales por fuego amigo. Se me escaparon, grito iracundo el oficial.    



               
  

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