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viernes, 12 de agosto de 2016

¡Sin vencedores ni vencidos!


Por: Ramiro Pardo, Militante Partido Comunista Clandestino Colombiano PCCC

Dentro del proceso histórico de la independencia de Nuestra América, los descendientes de los colonizadores españoles, e hijos de ingleses, alemanes y otros europeos, supieron aprovechar la coyuntura y el momento político para hacerse con el poder político y económico, dejando a los indios, mestizos y negros relegados a seguir siendo mano de obra. 

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que José Hilario López impulsó la abolición de la esclavitud, y casi 200 años para que los derechos de indígenas y afros fueran reconocidos. En efecto, la constitución de 1886 no puede ni siquiera llamarse pacto político, en tanto fue el dictado de un camaleónico Rafael Nuñez, que junto a Caro trazaron un proyecto de país ligado a los valores más tradicionales heredados del viejo régimen colonial. 

Se entronizó el clientelismo político, de la mano del modelo hacendatario en la economía, y el control de las mentes pasó a manos de la iglesia en su versión más dogmática, hasta el punto que los presidentes de la época debían ser ungidos por el arzobispo. No hubo entonces una separación de poderes, ni independencia entra las ramas del poder público, y la única separación evidente fue la que se consolidó entre oligarquía y pueblo. 

En medio de dichas circunstancias, las ideas liberales provenientes de Francia, de Estados Unidos y de la misma Inglaterra irrumpieron con fuerza tratando de rescatar el legado de hombres como Antonio Nariño, y fue entonces cuando el general Rafael Uribe Uribe impulsó la rebeldía, en tanto pensar diferente a las ideas conservadoras, además de ser un pecado, era un delito. Sobrevino entonces la llamada "guerra de los mil días", en donde se impuso el poder del Estado en manos del Partido Conservador, dando paso a una hegemonía de casi 30 años, hasta cuando Enrique Olaya Herrera asumió la presidencia. 

Pasaron varios gobiernos, conservadores y liberales, pero lo fundamental de la constitución de 1886 no fue tocado. Es decir, se mantuvo una independencia formal del antiguo imperio español, pero el poder siguió en manos de los mismos hijos de los colonizadores. Así, en la práctica, aunque los conservadores no gobernaban, seguían imponiendo su proyecto de país, y los liberales se acostumbraron a ser apenas los escuderos del régimen, beneficiados por el modelo económico.

El proyecto fascista, había tenido además una fuerte avanzada cuando los sectores populares no supimos ganar la guerra civil en la misma España. Los dictados de Franco se cumplían en Colombia a rajatabla bajo la mano de Laureano Gómez, Mariano Ospina y Guillermo León Valencia. Vinieron entonces los bombardeos contra los asentamientos campesinos y el asesinato de líderes rebeldes.

Transversalmente, el pueblo Colombiano, el hijo y nieto de indio, negro y mestizo, por lo general excluido de cualquier cuota de poder y participación política y condenado a vivir en la miseria, siempre supo rebelarse en contra de esa injusticia. Quintín Lame, Guadalupe Salcedo y Manuel Marulanda marcaron con su ejemplo esta expresión de la lucha de clases, que en 1991 conllevó a un nuevo pacto político en el que formalmente se superó el bipartidismo, pero en el que se abrió el país al modelo privatizador e imperialista basado en el poder del capital transnacional. 

Desde entonces se puede hablar de una nueva fase de la lucha de clases, en donde la oligarquía tiene que tener claro que nunca pudieron vencer a la insurgencia, y que por tanto, los pactos de paz que se están construyendo en La Habana, no son las condiciones a imponer al bando vencido, sino que son un punto de partida entre dos fuerzas que en el campo de batalla quedaron en tablas. Surge entonces la necesidad de impulsar un nuevo proceso constituyente, en tanto el pacto de 1991 fue apenas el comienzo de la emancipación y de la construcción de una nueva patria. Después de Bolívar tuvieron que transcurrir más de 200 años para poder decir que somos independientes del imperio Español, pero no pueden transcurrir otros 200 para decir que es el pueblo quien tiene que gobernarse a sí mismo. Nos derrotaron en la guerra de los mil días, perdimos también la guerra civil en España, pero en esta ocasión no pudieron vencernos, y por tanto, tendrán que resignarse a compartir el poder, para mantener la paz en este suelo. 

Los sueños de Bolívar y Nariño siguen intactos, y por eso hemos jurado vencer y venceremos!





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