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miércoles, 7 de septiembre de 2016

La última orden del cese al fuego

Por Rubén Zamora.

La última orden del cese al fuego

En un campamento guerrillero de la histórica tierra donde el camarada Jacobo Arenas escribiera el diario del Guayabero, con regocijo, recibimos de nuestro comandante Timoleón Jiménez la última orden del cese definitivo al fuego y a las hostilidades.  

Esta medida bilateral, fruto del Acuerdo Final de Paz,significa que muchas vidas se libran de la guerra y que ahora todos los esfuerzos se concentrarán en la implementación de los acuerdos que le abren a Colombia las puertas a una nueva era. El dolor se ha convertido en esperanza y el escepticismo en fuerza transformadora. 

Ya veníamos declarando ceses unilaterales al fuego buscando aclimatar condiciones para llegar sin sobresaltos a la firma del fin del largo conflicto armado y lo hemos logrado. 

Con el mismo denuedo que luchamos con las armas en la mano durante 52 años, empezamos desde ya a trabajar para construir un nuevo país. Hemos logrado la victoria de la reconciliación y la paz. Ha vencido la arrolladora determinación de quienes nos decidimos por la solución política al largo conflicto armado colombiano. 

En los campamentos guerrilleros se respira optimismo y esperanza. Ya estamos haciendo las Asambleas Guerrilleras preparatorias de la X Conferencia. Hoy mismo, en uno de nuestros campamentos, se han elegido los delegados que asistirán a este histórico evento y entre ellos a los camaradas Enrique y Mario Marulanda, hijos del insigne conductor de guerrillas, el camarada Manuel Marulanda Vélez. 

Sus hijos, camarada Manuel, van a representar y a refrendar su ideario de reconciliación y paz que tan alto lo ha puesto nuestro Secretariado Nacional y los demás integrantes de la Delegación de Paz de las FARC-EP. 

Aprovechando un receso de la Asamblea para esperar la intervención del camarada Timoleón Jiménez, inflamado de emoción, empecé a escribir estas líneas mientras en el aula de estudio guerrilleros y guerrilleras exaltados por este afortunado anuncio, se dispusieron a bailar mientras esperaban que en la televisión apareciera la imagen del camarada Timo a ordenar a sus tropas el fin de la guerra. De pronto llegó el momento, todos quedamos en silencio, vimos atentamente el breve discurso y al finalizar se vino un cerrado aplauso y gritos de júbilo: ¡Finalizó la guerra! ¡Finalizó la guerra! ¡Finalizó la guerra! 

Y no era para menos. Si el día de la firma de los acuerdos en la ciudad de La Habana sentimos igual júbilo, el día de hoy representa la orden terminante de parar guerra. Es que en el alma de cada guerrillero y guerrillera palpita la voluntad de paz de millones de compatriotas. Sin duda nuestros bravos adversarios en la confrontación armada, militares y policías, sienten emociones similares que las nuestras. Sentimientos de tal naturaleza nos invocan indefectiblemente a la reconciliación.

Coronamos con banderas blancas y un laudable acuerdo de paz, la más gloriosa voluntad de nuestros históricos maestros y del pueblo de Colombia. Nadie puede decir que ha ganado la guerra. Ha ganado la vida, el buen juicio, y la generosidad de esta Colombia comprometida en la búsqueda de una ruta democrática para la contienda de las ideas.

Desde el principio de las conversaciones de paz nos comprometimos a que no nos levantaríamos de la Mesa de Conversaciones hasta lograr el Acuerdo Final y hemos cumplido. 

Ahora, a marchar por la ruta de la reconciliación y la paz. 

Selvas del Guayabero.

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