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miércoles, 26 de octubre de 2016

La moral Fariana, condición del ser revolucionario



Por Ramiro Pardo

La primera vez que estuve en un campamento guerrillero, aprendí una de las lecciones más hermosas que he tenido en mi vida. Llegaba en mi condición de profesional universitario, a recibir una escuela política en el Frente Antonio Nariño, y aunque llevaba 8 años de militancia revolucionaria, el acercarme a las FARC-EP era algo nuevo. Cuando pequeño había conocido a tres guerrilleros que fueron a casa de mis abuelos en el campo, y me sorprendió la humildad que tuvieron al contestar las inquietudes de un niñito de 8 años, que era mi edad en ese momento. Mi reencuentro con la guerrilla, fue casi 20 años después. 

Presuponía que el guerrillero, en su condición de militar, no pasaba de ser alguien rudo y fuerte acostumbrado a cumplir órdenes; casi como un soldado, a quien no se le puede hablar y está sujeto a la voz de mando recio y agresivo. Conmigo iban los mitos de los castigos y la mala fama que de una u otra manera calan en el imaginario de cualquier desprevenido citadino. Sabía que de fondo había un proyecto revolucionario, y por eso estaba allí, para contribuir en algo; pero desconocía el ethos del guerrero fariano; es decir, la calidad humana de los hombres y mujeres nuevas que tal como decía el Che, estaban construyendo la patria nueva. 

Al llegar al campamento del camarada Sergio, me sorprendió la humildad y sencillez de los guerrilleros, así como su convicción. Hombres y mujeres de pueblo, campesinos y urbanos, quienes cumplían cada uno su tarea sin la arrogancia que en ocasiones tiene el militante en la ciudad. Una ética construida a prueba del sacrificio y la dureza de la guerra. Los chistes groseros, el machismo, el bullying, no tenían lugar en dicho espacio. Todas y todos hablaban con voz calmada, bajita, con un estilo de quien está dispuesto a escuchar y a aprender. Los guerrilleros más veteranos, sobrevivientes de mil batallas, escondían en sus ojos  historias heroicas sobre las que no presumían. Generalmente, el guerrero veterano calla, observa, pone cuidado, y analiza cada cosa que se dice, y a lo sumo interviene en alguna controversia para sellar la disputa con la voz de la experiencia. 

Ese tono de respeto, guarda consigo un sinnúmero de valores que se han adoptado como moral revolucionaria y guerrillera. El respeto por el cuerpo, la superación del morbo, la compresión de la condición humana, son cosas que se ponen a prueba día a día, en la rancha, en los chontos, en el caño. Tuve también la oportunidad de mirar los "castigos" a algún par de camaradas que "la colgaron" en alguna tarea. Cuando Alejandra hizo la relación ante el camarada Sergio, supuse que dichas sanciones serían al estilo del ejército; flexiones, cunclillas, o burlas que denigran de la condición humana. ¡Qué equivocado estaba!. Se trataba de cumplir con la autocrítica, a partir del trabajo colectivo. Cuando le pregunté a uno de ellos el por qué se le había sancionado más fuerte, me explicó que él estaba proyectado para asumir mando; y por tanto debía dar ejemplo. 

Con dicha experiencia pude romper los mitos y hasta el miedo que generaba el "llegarla a embarrar". Supe que el compromiso no era sólo con el PCCC, o con las FARC-EP, sino con la revolución, con la alegría, con la esperanza del pueblo y ante todo, conmigo mismo, en la brega por superarme como humano y dar cada vez más de sí mismo. Entendí por fin el significado de la autocrítica y el valor de lo que significa ser revolucionario. 

Antes de concluir, hicimos una fiesta de despedida, en donde todos, hombres y mujeres, guerreros y urbanos, departimos en igualdad de condiciones, bailamos y aprendimos; porque en la guerrilla, no sólo hay tareas, sino también espacio para el amor, la alegría, la felicidad y la ternura. Supe también, que el mando y el respeto, se ganaban con trabajo y asumiendo responsabilidad y que quien estuviera al frente, como Sergio en ese momento, estaba ahí por el mérito y la capacidad de trabajo; sin que eso le convirtiera en alguien a quien temer, sino por el contrario, alguien a quien emular o seguir. Posteriormente, he tenido la oportunidad de conocer a otros mandos como Manuelita, Isabella, Pablo, Kunta, y en especial al camarada Byron, con quienes he aprendido más sobre esa idea de que el revolucionario se construye en la praxis, y que no importa cuánto o donde haya estudiado, o qué haya hecho antes, sino cuánto de compromiso y trabajo se es capaz de hacer y cumplir en cada día. Es el ejemplo el que enseña, a partir de algo que se templa en el alma de los hombres, como una virtud que se eleva por encima de los títulos y nombres, tal cual relata la canción de "los sueños de todavía".   

Al terminar el curso, y luego de asustarme por los continuos sobrevuelos y el acoso permanente del ejército, aparte de los conocimientos sobre táctica, estrategia, estatutos, coyuntura política, economía, historia, etc, me llevé una visión completa de lo que es el ser fariano. El estar dispuesto a darlo todo, a cambio de nada, como decía el comandante Jacobo Arenas. Algo que nos resulta a veces muy difícil a quienes no logramos desprendernos de tantas taras y prejuicios adquiridos en la sociedad burguesa.

Despedirnos costó bastante; nostalgia y abrazos mezclados y el recuerdo infinito de Camilo. Joven guerrillero bogotano quien nos animó a cumplir nuestras misiones, y sentenció nuestro rumbo al decir: "… si por acá vienen en unos seis meses, y andan con el cuento que a Camilo lo mataron, nada de desanimarse, porque entonces la muerte de uno no valdría un carajo… uno se muere tranquilo es porque sabe que ustedes van a seguir peleando". Tristemente a los 3 meses se dio el infausto suceso. 

Ahora que la paz ha llegado, sólo espero que el "ser fariano", el embrión de la nueva sociedad, no sucumba ante los vicios de la moral burguesa, en donde el individualismo, el machismo, la arrogancia, la sabiondez, la falta de solidaridad y el bullying, están presentes. Seguro que con la camaradería, la sencillez, la alegría y  la humildad del guerrero, nuestro movimiento podrá superar cualquier reto, y seguir construyendo la Colombia de hombres y mujeres nuevas. Camilo, acá seguimos firmes. Juramos Vencer, y estamos venciendo!


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