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Las Juanas: admirables guerrilleras para todos los tiempos


En la conmemoración  del bicentenario de la Campaña Admirable, rendimos homenaje a las mujeres y los hombres que lucharon por darnos patria y nuestra primera independencia, esta epopeya engrandece el orgullo por nuestra historia y además nos compromete con el presente y con el futuro de nuestra patria. Bien vale la pena  parafrasear a Fidel, quien refiriéndose a los artífices de la primera independencia, y al lazo invisible pero inquebrantable que le da continuidad a la lucha de los patriotas de aquel tiempo con los revolucionarios de Patria Grande y Socialismo de hoy, afirmara que: nosotros entonces hubiésemos sido como ellos, ellos hoy serían como nosotros.
¡Hemos jurado vencer y venceremos!

Las Juanas: admirables guerrilleras para todos los tiempos
tomado de: mujerfariana.co

Por Sergio Marín

“[...]Todo hombre será soldado puesto que las mujeres
se han convertido en guerreras y cada soldado será un héroe,
por salvar pueblos que prefieren la libertad a la vida.”
Simón Bolívar
Proclama a los soldados del Ejército Libertador de Venezuela
(Cuartel General de Trujillo, junio 22 de 1813).

El 23 de mayo de 1813 Bolívar entraba a la ciudad de Mérida en territorio de la Capitanía de Venezuela. Hacía un poco más de un mes que había cruzado la frontera desde la Nueva Granada con un ejército de descamisados con los que, más sin embargo, logró limpiar de realistas todo el valle del Bajo Magdalena, desde Barranca, pasando por Tenerife, Mompós, El Banco, Chiriguana, Tamalameque y despejando el camino hacia Ocaña y Cúcuta.
De Barranca partió Bolívar con 70 soldados, y a Mérida llegó con 700 en cinco meses exactamente. Era ya tal la fama que lo precedía, que el coronel realista Correa se retiró de Mérida hacia Trujillo permitiendo que El Libertador fuera recibido de forma alborozada por sus habitantes. Con la autorización del Congreso de las Provincias Unidas, dirigido desde Tunja por Camilo Torres, y con el apoyo entusiasta de Antonio Nariño – a la postre presidente del Estado de Cundinamarca desde Santafé de Bogotá-, el objetivo declarado de las fuerzas patriotas era liberar a Caracas -y con ella a Venezuela-, de la tiranía sanguinaria que imponía el general español Domingo de Monteverde.
En Mérida, debido al prestigio que acompañaba a Bolívar como guerrero invicto, se le otorgó por primera vez el título de Libertador y además se logro el reclutamiento de 700 nuevos soldados, jóvenes en su mayoría, que empuñaron las armas con la convicción de que ese inmenso esfuerzo redundaría en la liberación definitiva de la Patria, que a golpe de fusil y leyes revolucionarias, Bolívar iba creando.
Toda la población de esa heroica ciudad colaboró con el ejército patriota. La historiadora francesa Gillette Saurat lo relata de la siguiente forma:
[...] en la emulación se confunden las familias nobles con el campesino, el artesano, el blanco, el indio, el negro y el mestizo. La pobreza heroica de una ciudad arruinada por el sistema y la avidez de los realistas hace prodigios. Se sacan  de los viejos cofres de cedro con herrajes esculpidos, los últimos pesos de oro, y se reúnen así treinta mil. Se economiza el aceite de las jarras, se racionan la carne y el pan de la mesa frugal, se funden los tubos del órgano de la catedral, se transforman los talleres en forjas de la Patria y las casas en costureros para vestir a los soldados de la nación (…) y si no tiene nada de esto, como Simona Corredor, se viene buenamente a ofrecer su casa a la patria.
Pero en Mérida habría de tener lugar otro hecho realmente trascendente y que aquilata la ya de por sí heroica actitud del conjunto de sus habitantes: la decisión de un grupo de mujeres, encabezado por una planchadora del barrio El Espejo, que decidió no permitir que su hijo marchara solo a la guerra y partió, regocijada con el aplauso de sus conciudadanos, a la vanguardia de las tropas, para servir de escudero de su hijo. Es la acción extraordinaria de esta mujer y de las esposas, madres, hermanas y compañeras de los soldados que la siguieron, lo que realmente enorgullece y llena de honor  a Mérida.
Es con este acto de amor y fervor revolucionario – en una época en la que parecía inusual que las mujeres combatieran, con y entre las armas, en ninguno de los bandos-, que se origina el famoso y glorioso movimiento de aquellas a quienes se llamarán Las Juanas: Guerreras que conformarán una verdadera y valiosísima retaguardia de los ejércitos de la independencia: “…prodigando sus cuidados, su amor y sus sonrisas, pero también, con frecuencia, arrebatando el fusil y el sable de las manos crispadas de un moribundo, para marchar a la carga y contribuir a la victoria, antes de volver a su lado a cerrarle los ojos y amortajarlo decentemente “, como afirma Juvenal Herrera Torres.
El 6 de agosto (hace 200 años) las fuerzas patriotas ingresan triunfalmente a Caracas dando nacimiento a la llamada segunda república venezolana. Bolívar lo logró dirigiendo un verdadero ejército internacionalista y revolucionario reforzado con nuestras Juanas neogranadinas y venezolanas – verdaderas guerrilleras de patria o muerte-, durante ocho meses y más de 2000 kilómetros de desbordante heroísmo e inenarrables sacrificios, lo cual le confiere a esta campaña el título de admirable. Ya lo dijo Mancini: “Nunca con menos se hizo más en tan vasto espacio y en tan breve tiempo”.
En la conmemoración  del bicentenario de la Campaña Admirable, rendimos homenaje a las mujeres y los hombres que lucharon por darnos patria y nuestra primera independencia, esta epopeya engrandece el orgullo por nuestra historia y además nos compromete con el presente y con el futuro de nuestra patria. Bien vale la pena  parafrasear a Fidel, quien refiriéndose a los artífices de la primera independencia, y al lazo invisible pero inquebrantable que le da continuidad a la lucha de los patriotas de aquel tiempo con los revolucionarios de Patria Grande y Socialismo de hoy, afirmara que: nosotros entonces hubiésemos sido como ellos, ellos hoy serían como nosotros.
¡Hemos jurado vencer y venceremos!

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